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Alba Raquel Barros: “Para mí, un escenario es un templo, me lo enseñaron así, y se respeta”

Después de presenciar cómo el público de Miami agradeció con efusivos aplausos y lágrimas en los ojos el trabajo realizado por la primera actriz, Alba Raquel Barros en su más reciente presentación teatral, “Pequeños Crímenes Conyugales”,  sentí que una conversación a fondo con esta experimentada artista  debía de efectuarse cuanto antes.

Una llamada telefónica fue suficiente para que con gran humildad Barros aceptara compartir con nuestros lectores, algunos de los pasajes más importantes de su vida actoral, luego de 35 años en el medio artístico.

Hace más de una década, su madre, la periodista Alba Raquel Cabrera, presentó graves problemas cardiovasculares por lo que la reconocida intérprete, al ser hija única, no lo pensó dos veces y abandonó su natal Puerto Rico para llegar a suelo norteamericano en busca de una segunda opinión médica, y mejores servicios de salud para su progenitora.

Dejando atrás una carrera sólida y un público fiel a su trabajo, Alba Raquel Barros se estableció en “La Ciudad del Sol”, en donde comenzó de cero y donde hoy en día, como ella misma afirma, continúa enfrentándose a muchos obstáculos para sacar su carrera a flote en la televisión.

“Cuando vengo a Miami, primero que todo, me encuentro que la televisión en Miami trabaja para el mercado mexicano. O sea, si no soy mexicana,  ni tengo cara de mexicana, ni tengo acento mexicano, o no me conocen en México, o no tengo la bendición de un padrino, como llamamos, no sucede. Aunque tengo una trayectoria muy importante, nunca he trabajado para ese mercado, siempre he trabajado para el mercado americano. Y no me ha sido fácil tener personajes que sean importantes ni vivir de la actuación en la televisión acá en Miami”.

En esta entrevista Barros nos abrió su corazón y no sólo conversamos sobre la actriz famosa, sino también sobre la mujer de carne y hueso.

¿Cómo surgió tu interés por la actuación?

Bueno, mi interés por la actuación surge en un festival de teatro que yo fui a ver hace casi 36 años atrás en Puerto Rico. Yo estaba estudiando periodismo, y me llamó mucho la atención la facilidad con que los actores comunicaban un sentimiento. Te hacían reír, te hacían pensar, te hacían llorar.

Y yo quería estudiar periodismo, porque yo vengo de una familia de periodistas; mi madre fue una periodista muy importante en Puerto Rico y, pues, uno lo hereda, ¿no? (Risas) Y entonces cuando participé como público en ese festival de teatro, me dio curiosidad. Aunque era muy tímida, nunca me atreví a hablar en público, ni en la escuela, ni en el salón, ni en ninguna parte, yo dije: “En algún momento me gustaría tratar”.

Pero siempre que iba a una audición en la escuela superior nunca me cogían para nada, así que yo había descartado la actuación como una forma de vida, de profesión.

Y ya llevas 35 años como actriz. Pero no sólo has trabajado delante de las cámaras, también has producido y dirigido. ¿Cómo te interesaste por el trabajo que se realiza detrás de cámaras?

Después que estuve unos cuantos años haciendo televisión en Puerto Rico, siempre trabajé en Telemundo, como que ya dominaba el tema de la actuación, y veía que se necesitaban demasiados elementos adicionales para que algo saliera perfecto. Entonces, perfeccionista al fin, se me despierta la curiosidad de saber cómo se hace una obra de teatro, cómo se hace un programa de televisión, quiénes son los que trabajan detrás de las cámaras, cómo se ilumina y cómo se diseña una escenografía. Ahí empecé a tratar de entrar en el mundo de la producción. Afortunadamente, estuve casada con un productor y director por mucho tiempo, y siendo su asistente aprendí todo lo que me interesaba aprender.

Alba, te has destacado en la comedia a lo largo de tu carrera, y los múltiples premios que te has ganado como comediante en tu tierra demuestran tu dominio en ese género. ¿Cómo descubriste que tenías un don para hacer reír?

Cuando empecé a hacer novelas, empecé en un elenco muy importante, yo era la que menos experiencia tenía, y siempre dije: “Bueno, si quiero mantener un estatus, yo tengo que estar siempre en un elenco con gente que sea excelente y excepcional, y tengo que lograr que mi trabajo brille para que esas personas me acepten”. Y estuve detrás de un director, escritor de sátira, comediante y actor que se llama Jacobo Morales, en mi país, como por dos años.

Él hacía comedia, pero era una comedia inteligente, una comedia diferente, una comedia de sátira. Finalmente, se me dio y trabajamos en televisión, en el canal 4, WAPA, y de ahí hice un show de mediodía, en donde tenía el personaje protagónico. Después de ahí seguimos haciendo comedia;  participé en una comedia que se llamaba “Barrio Cuatro Calles”, que fue una comedia de situación seria… una comedia seria (Risas) Ahí ganamos muchos premios con ese trabajo. Siempre me ha gustado hacer comedia, pero de forma inteligente y sana.

Tu primer monólogo, después de 35 años de carrera, fue “Rosita”, el cual estrenaste el año pasado, ¿por qué no te atreviste a hacer un monólogo antes?

Porque para mí, pararse frente a un público es una responsabilidad muy grande. Yo no me paré en un escenario hasta haber estado actuando por dos, tres, cuatro años en televisión con actores excepcionales, que todos hacían teatro. Cada vez que yo les decía: “Yo quiero, yo quiero”, me decían: “No, no estás lista, tú tienes que aprender mucho todavía”. Entonces empecé a trabajar en utilería, en vestuario, en producción, para aprender y aprender a respetar lo que es un escenario.

Tuve la oportunidad de estar en un escenario, y entendí la responsabilidad que tiene un ser humano cuando se para en un escenario, no cualquiera debe hacerlo. Miami es otra cosa, aquí todo el mundo quiere ser actor, aquí a todo el mundo, para bien o para mal, se le da la oportunidad de pararse en un escenario, teniendo o no experiencia. Yo, particularmente, respeto mucho lo que hago. Para mí, un escenario es un templo, me lo enseñaron así, y se respeta. Se le dedica todo o nada.

El monólogo de “Rosita” es basado en Rosa la soltera, de Lorca. Me llegó mucho a lo que era mi vida personal en ese momento. Encontré tanta similitud en lo que me estaba pasando con lo que le había pasado a Rosita que dije: “No, definitivamente, yo tengo que hacer esto, no sé cómo me va a salir, pero lo tengo que hacer”. Y cuando empecé a trabajar con Yoshvani [director del monólogo] entendí que me había puesto en las manos correctas, en el proyecto correcto, con la madurez escénica correcta y estaba segura de que lo que estaba haciendo era lo correcto.

¿Qué te enseñó “Rosita”?

Wow! “Rosita” me enseñó la intimidad escénica, me enseñó a viajar a través de tres edades diferentes de mujer, me enseñó lo que es la pasión en espera, lo que es esperar por un amor. Me enseñó a respetar la escena más todavía, sobre todo, a respetar el público.

En “Pequeños Crímenes Conyugales”, tu trabajo más reciente en el teatro,  encarnaste el papel de una mujer celosa, ¿eres así de celosa con tu pareja en tu vida personal?

(Risas) Sí, celosísima… sí, sí, me queda un poco. He depurado un poco lo que es los celos, pero tengo que admitir que estoy trabajando con la situación esta de la confianza, de tener más confianza de la que he tenido en mis parejas.

¿Qué le aportó esta obra a tu carrera?

En mi carrera, yo creo que es uno de los mejores personajes, sino el mejor personaje que he hecho. No es fácil estar en un escenario hora y media con otro actor nada más sin intermedio y sin nada. Cuando tienes 25 personas alrededor es muy fácil entrar y salir en un escenario, porque lo que tardas son minutos, pero echarte a la espalda la responsabilidad y compartir la responsabilidad con otra persona en hora y media para darle al público un mensaje, una emoción, un sentimiento, que conozcan esa situación, es una responsabilidad muy grande. Es bien difícil, y me encanta, porque la reacción del público es impresionante.

Tus últimas dos presentaciones teatrales han sido en un teatro tipo arena. ¿Cuál ha sido tu experiencia al presentarte en este tipo de teatro?

He hecho mucho teatro en Puerto Rico y me he presentado en salas muy grandes, pero tener el público tan cerca, no tener proscenio… o sea, esto es estar desnudo en la Calle Ocho, como diríamos, que te vean por todas partes. El público te ve por la derecha, por la izquierda, por delante, por atrás, y es un ejercicio de concentración muy grande.

Todo tu cuerpo tiene que estar actuando todo el tiempo, tus manos, tus dedos, tus ojos, tu espalda, porque la gente te está mirando de arriba a abajo absolutamente todo. Tienes que tener una confianza muy grande en lo que estás haciendo; yo nunca pensé que lo haría.

En Puerto Rico, existe la sala experimental, pero el público se sienta en gradas y está más lejos de ti, no está  respirándote casi encima. Pero la experiencia es maravillosa, porque yo creo que a todo actor le gusta sentir el control que tiene sobre el público, le gusta sentir que lo tiene en la palma de la mano, que lo tiene llorando, que lo tiene riendo, que lo tiene sufriendo contigo. Y esa cercanía me da eso, me da ese poder, ese control sobre lo que estoy haciendo, enterarme inmediatamente si lo estoy haciendo bien o lo estoy haciendo mal.

Has pisado importantes escenarios de teatro, has hecho cine, televisión, radio, pero ¿con cuál medio te identificas más?

Con el teatro, definitivamente. A todo el mundo le encanta hacer cine, porque tú haces cine y ya te crees que eres artista de Hollywood, el ego te confunde y ya te compras unas gafas oscuras al otro día, pero todo eso es haciéndole caso al ego. La televisión te da fama instantánea, tú sales por televisión y al otro día eres famosa. Igual, el ego tuyo sale, a comprar ropa nueva y ya te crees que eres la última Pepsi Cola del desierto, cosa que no es cierto, porque la fama es como una burbuja, dura muy poco.

Lo que te hace ser actor y lo que hace que se te respete por lo que tú haces, por tu talento, es el teatro.

Cuando miras hacia atrás y ves todos los éxitos que has cosechado, ¿qué sientes?

Siento mucha satisfacción, y eso es lo que me ha ayudado a mantenerme en Miami sin que me deprima por la falta de caso que le hacen a uno acá, especialmente siendo de Puerto Rico; porque ellos inmediatamente asumen que no sabes hablar y eso se llama racismo en parte, ¿no?

Ahora, en Lifetime he hecho cuatro películas. Los gringos son los que van a Puerto Rico a hacer cosas, nosotros trabajamos con ellos,  nuestro honor es hacer cosas en el mercado americano. Todo casting que yo haga para una película yo me quedo. Ellos se sorprenden al ver que tú tienes tanto talento y que puedes hablar inglés. A veces me dicen: “¿Puedes hacerlo con acento latino? Te tratan con respeto.

Afortunadamente, tuve fama, afortunadamente tengo un país y un público en Puerto Rico que me quiere y que me adora, que se acuerda aunque hace rato que no estoy allá. Yo hacía radio por la mañana, hacía un show de mediodía por televisión, por la tarde me iba a Telemundo a hacer novelas y por la noche me iba a ensayar una obra de teatro.

Gané premios, he hecho televisión americana, he hecho cine americano, he hecho comedia, he hecho todo. Afortunadamente, eso me da una buena base para no deprimirme y para no acomplejarme. Y si no me dan un premio, yo digo: “Ay, pero si ya yo pasé por esto”… En ese sentido, mi ego está tranquilito.

¿Alguna vez pensaste en dejar la actuación e irte por otro camino?

Cuando más inestable ha sido es aquí en Miami. Pero afortunadamente, pues, he podido hacer otras cosas dentro de la misma actuación. Como he hecho producción, he podido trabajar como asistente de director, como apuntadora. He tenido la oportunidad de trabajar como maestra, etc. Pero en este punto de mi carrera cuando se me han puesto en mi camino piezas como “Rosita” y como “Pequeños Crímenes Conyugales”, es cuando menos he pensado en dejar de actuar.

¿Qué haces en tu tiempo libre?

Escribo bastante y leo. Me gusta mucho la playa, aunque extraño mucho el mar caribe, nada como el Caribe. Cuando voy a la playa acá, no me motiva absolutamente nada.

Soy cristiana y escribo dramas para presentárselos a diferentes iglesias. Fui el ministro de drama en una iglesia muy importante aquí en Miami por un año. Escribía, producía y dirigía un drama semanal, nada de religioso, casi siempre era una tragicomedia con un mensaje que trataba de acercar a la gente un poquito más a Dios.

El ser humano cree que con ir el domingo a la iglesia basta y no, porque el templo somos nosotros, Dios está dentro de nosotros. La iglesia es tu cuerpo, somos nosotros.

Como tuve rompimientos en mis relaciones pasadas, traté de buscar una relación que me satisficiera, que me diera amor, que me diera seguridad, que me hiciera sentir como una princesa y que no se me fuera nunca, y encontré esa relación con mi Dios. Entonces, cuando tú encuentras algo que te gusta, que te funciona, que te apasiona tú se lo cuentas a todo el mundo. Diríamos que ese es mi hobby, tratar de acercar a las personas un poquito más a Dios.

Cuando piensas en todo lo que has hecho en tu carrera, ¿cuál ha sido el trabajo que más te ha llenado de orgullo?

Wow!  No te puedo decir una cosa en particular. El haber dirigido el ministerio de drama de una iglesia y escribir drama que acerquen a las personas a Dios me marcó mucho; porque después que se acaba el drama el pastor le hace un llamado a la gente y pregunta cuántos quieren entregar su vida a Dios, y cuando tú ves que pasan 200, 300 personas al frente y quieren cambiar su vida por algo que tú escribiste, eso te hace pensar dónde tú debes poner tu talento.

Eso me hizo pensar que los talentos que Dios te da son para dedicárselos a Él y me dio mucha satisfacción, de verdad.

¿Qué crees que te falta por hacer?

Tener una temporada de teatro larga en Nueva York. Si yo hubiese escogido otro sitio, aparte de Puerto Rico para ir a trabajar, yo estaría en Nueva York.

Y por último, hace poco el gobernador de Puerto Rico, Luis Fortuño, dijo que está luchando para que en tu país se domine el inglés tan bien como el español, ¿qué opinas sobre eso?

Yo creo que es mentira, porque si a él le interesara que el inglés se hablara a la par en Puerto Rico, mejoraría las condiciones de la educación pública en Puerto Rico, que están por el piso. Abogaría por que los fondos federales de la educación llegaran a las escuelas, abogaría por arreglar las escuelas públicas y que no estén en las condiciones tan deterioradas que están.

Creo que en parte es una falta de respeto al pueblo, porque está diciendo que nosotros no sabemos inglés. Yo, particularmente, en Puerto Rico, fui maestra de inglés de primero, segundo y tercer grado en escuelas públicas. Yo te sé decir que en Puerto Rico se enseña inglés en escuelas públicas desde la escuela elemental.

Si él cree que eso lo acercará a la estadidad está equivocado. La estadidad es un estatus que ya nosotros como pueblo nos hemos ganado mandando a nuestros hombres  a la guerra. Ya nosotros con sangre nos ganamos todos los beneficios de la estadidad. Creo que debemos exigir los beneficios, no la estadidad. Así que, Sr. Fortuño, wrong, estás equivocado.

Alba Raquel Barros participará en la nueva temporada de Microteatro, la cual comenzará el 8 de junio. La boricua regresará a las tablas con el estreno de “La Noche”, una comedia escrita y dirigida por el talentoso cubano Yoshvani Medina.

Fotos: Cortesía Facebook de Alba Raquel Barros. 

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