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Amelia Peláez (1896-1968)

Amelia Peláez (1896-1968)
Amelia Peláez (Yaguajay, 5 de enero de 1896-La Habana, 8 de abril de 1968) Artista cubana de origen asturiano.
Estudió en la Escuela Nacional de San Alejandro, donde recibió influencias del impresionismo académico a través del maestro Leopoldo Romañach Guillén.1 Realizó su primera exposición en 1924 para posteriormente estudiar en París junto con la cubista rusa Alexandra Exter, tras lo cual comenzó a experimentar con la pintura modernista, así como con obras cerámicas y en vidrio. Con la llegada de la Revolución cubana, Amelia se mantuvo en Cuba hasta su muerte, comprometida con dicha revolución.2
Entre sus principales trabajos se encuentran La costurera, Gudinga (1931), Las dos hermanas (1943) y Las muchachas (1943). Tuvo su estudio-taller en La Víbora. Es autora del mural exterior del Hotel Habana Libre, en La Rampa, efectuado en 1957. Representó a Cuba en la Bienal de Venecia y en la de Sao Paulo.
Realiza la primera exposición en 1924, y tres años más tarde viajó a Europa y vivió durante algún tiempo en París, donde continuó estudiando. Allí tomó clases también con la célebre pintora, escenógrafa y decoradora rusa, Alexandra Exter y en 1933 presentó su exposición personal en la Galería Zak.
Al regreso a Cuba en 1934, la autora de “La Costurera” y otras renombradas obras convirtió en taller su casa de La Víbora, y tuvo una activa participación en el movimiento de los artistas cubanos modernos. Al año siguiente ganó premio en el Salón Nacional y expuso, en el Lyceum, muchas de las obras realizadas en París.
En 1938, en la naturaleza muerta va incorporando elementos de la arquitectura tradicional cubana y en 1943 se exhiben obras ejecutadas desde 1929 en la retrospectiva que organiza la Institución Hispano-Cubana de Cultura, La Habana.
El estilo único y personal de Amelia no solo está presente en su labor pictórica, sino también en sus trabajos en cerámica, que inició en 1950 y a los que se dedicó intensamente hasta 1962. Los asistentes a las Bienales de Sao Paulo y Venecia celebradas en ese período, pudieron apreciar varias de las piezas surgidas de sus hábiles y creativas manos.
La pintura de murales también fue otra de las facetas de su arte. Uno de ellos sigue suscitando la admiración de quienes transitan por la céntrica Rampa capitalina o sus alrededores: el situado en la fachada del hotel Habana Libre, realizado en 1957. El último de los murales en que participó fue el de creación colectiva realizado con motivo de la inauguración, en la capital cubana, del XXIII Salón de Mayo de París.
Con la incursión en la Cerámica, inició en Cuba el lenguaje entre signos, que devino muy fuerte y con entonación en azules, y contribuyó a legitimar la cerámica cubana. Estas piezas son verdaderos sueños hechos realidad.
Amelia también dedicó su atención a la realización de murales, algunos de excepcional relevancia entre los que se destaca el mural de la fachada del majestuoso Hotel Habana Libre, el cual es admirado por todo aquel que visita nuestra ciudad. Uno de sus contemporáneos, y otro grande de la plástica, René Portocarrero, uso especial énfasis en el color al hablar de la obra de Amelia. Dijo que ella fue la primera que supo recoger nuestro color local y trasladarlo a cuadros de enorme belleza y a obras maestras en la plástica.
Muere el 8 de abril de 1968 en La Habana, Cuba, dejando una vasta obra en la esfera de las Artes Plásticas.

 

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