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Camila Osorio Ghigliotto

 

Camila Osorio Ghigliotto.

La hija de Raúl Osorio y Rebeca Ghigliotto vuelve desde Francia convertida en una experimentada actriz. A partir del 4 de enero se presentará aquí con Frankenstein, espectáculo de la compañía francesa Cirque Baroque.
Camila Osorio Ghigliotto (23), hija del director Raúl Osorio y de la actriz Rebeca Ghigliotto, aún no cumplía los 18 años cuando dejó Chile para irse en gira de cinco meses a Europa con Mauricio Celedón y su Malasangre, versión del Teatro del Silencio para la vida de Rimbaud.

Hoy, después de más de cinco años y varios montajes, está de vuelta con Christian Taguet y el Cirque Baroque, la multitudinaria compañía francesa de circo-teatro que desde el 4 de enero presentará en la estación Mapocho su último espectáculo Frankenstein, bajo la dirección del también chileno Agustín Letelier.

Para mí fue muy difícil salir de Chile, recuerda Camila. Adoro a mi familia y me costó mucho dejarlos, pero me fui precisamente porque ellos me apoyaron. Fue todo así, tan rápido, que dije: ya, me voy. Y cuando llegué a Francia, supe de inmediato que me iba a quedar.

– ¿Habías estudiado teatro?

Había tomado algunos cursos y tenía algunas nociones. Pero más que nada tenía mucho ojo, mucho haber visto teatro. Allá me encontré con el Cirque Baroque y quedé alucinada. Entré en una escuela de circo en París. También tomé clases de danza y disciplinas orientales. Entremedio, Mauricio Celedón hizo su puesta en escena con el Cirque Baroque, Candides, y yo entré después al elenco.

– ¿Como actriz?

Sí, y también hacía el montaje de la carpa. Fui la unica mujer que se metió a hacer de técnico. Me pareció tan increíble todo el asunto que dije: bueno, si alguna vez tengo carpa voy a tener que saber montarla. En los dos papeles estuve casi tres años, pero después paré y me quedé sólo como actriz.

– ¿Cuáles son tus especialidades?

En este momento son los trabajos aéreos. En”Frankenstein” tengo un dúo de trapecio con Benoit Taguet, el hijo de Christian Taguet. También hago cuerda, telas. Y fuera del espectáculo, otra de mis áreas son las acrobacias en suelo mano a mano.

– ¿Durante estos años no viniste a Chile?

El año pasado estuve unos meses para el montaje de”Una casa vacía”, que dirigió mi papá.

Ahí, al lado, mirando. Y también trabajé con gente del Galpón Domínica que ahora está en el CircoZita y el Gran Circo Teatro. Juntos montamos un par de números a capella, los mostramos dos fines de semana en el Galpón y nos fue súper bien. Ahí se ve la energía que tiene el país para hacer algo. Increíble. Después todo se diluyó porque no teníamos estructura ni nadie que nos ayudara.

– ¿Eso influye en tus planes de quedarte en Chile?

Por el momento tengo trabajo allá con el Cirque Baroque. Pero también tengo ganas de poder venir a Chile y trabajar con la gente de acá. No sé en qué proyectos ni con quién.

Pero creo que uno tiene venirse para que lo llamen o poder armar tu cuento con más tiempo. Me gustaría crear algo en Chile, tal vez trabajar con mi papá en el Taller de Investigación Teatral (que produce esta gira).

– Pero aquí el panorama de circo-teatro debe ser muy distinto al de Francia, en términos de medios, de posibilidades…

Absolutamente. Pero eso es porque en Chile hay muy pocas subvenciones para el arte.

Creo que debe ser el único país del mundo así. Es una vergüenza que no exista un ministerio de cultura. Así la cosa se organiza, se pone más pública, y todo el mundo tiene acceso al arte, a hacer y a ver… Pero en Chile, las cosas están hechas para una elite. Hay muy poco movimiento social.

– Muchos chilenos han estado en Francia. ¿Crees que han ido sólo a aprender o también a aportar?

Creo que hemos aportado y aprendido. Allá hay muchas cosas que aquí no existen: toda la formación circense, diferentes clases de danza y de actuación, desde el teatro japonés hasta el indio. Hay una gama inmensa. Pero también creo que uno llega con una historia, con una energía que es especial. Y con colores propios.

– ¿En qué sentido?

Mauricio Celedón fue fundamental en el vuelco que dio el Cirque Baroque; le aportó enormemente. Luego, Agustín siguió con estas dos obras. Son cosas súper propias de ellos, que vienen de Chile. Y también en mi caso, en mis personajes y en lo que propongo, está lo que he vivido acá. Uno va con su bagaje, de todas maneras. Lleva un viento nuevo.

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