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Carmen Reátegui Rosselló

 

Carmen Reátegui Rosselló

Carmen Reátegui Rosselló nació en Lima en 1946 y es una artista plástica con formación en pintura que desarrolla proyectos de arte con participación social y trabajos de carácter multidisciplinario.

Sus estudios fueron realizados entre 1981 y 1988 en la Escuela Nacional de Bellas Artes en Lima, egresada posteriormente en la especialidad de pintura. También partició en el taller de Rocío Rodrigo donde aprendió teoría y conceptos del arte.

El sabor de identidad
La artista Carmen Reátegui Rosselló (Lima, 1946), presentó el performance La causa limeña, en Casa Pestagua de Cartagena, una puesta en escena de uno de los platos tradicionales de su país, con la participación de varias artistas que mientras hacían este manjar sobre una mesa inmensa sobre hojas de bijao, iban repitiendo casi en coro frases alusivas a la construcción colectiva de un sabor de identidad, respondiendo siempre a la pregunta de ¿Qué soy si no la suma de mi pueblo?

Al final todos los asistentes compartieron el manjar colectivo de La causa limeña. La obra de esta artista se destaca por sus proyectos de arte con participación social y trabajos de carácter multidisciplinario. Una excelente propuesta.

Rosa. Pinturas de Carmen Reategui Rosello en Vertice

Dos grandes torrentes en el caudal icónico de las artes peruanas en las últimas décadas. La violencia, la religión. Y entre ambos, como capilaridad a veces oculta, a veces eruptiva, una sexualización profunda. Erótica y tanática.
Pero agonía no es muerte, sino lucha a muerte con la muerte. Así lo ha entrevisto Carmen Reátegui.

Carmen Reátegui y Pilar Graña

Tras la discreción pública de su proceso artístico asoma una compleja reflexión política en términos siempre existenciales, casi siempre espirituales. Contémplese la actualidad perpetua de ese gigantesco árbol asesinado que hacia el año 2001 ella invierte como un cáliz elevando el clamor de su dignidad dolida a los cielos.

Y ahora el silencio esotérico de la gran urna dispuesta para apenas unos pétalos. Blancos. Sinécdoque precisa del féretro de cristal que protege y exalta la impresionante interpretación marmórea del tránsito de Santa Rosa frente a su tumba en el templo de Santo Domingo.

En la intensidad de este tránsito otro se ubica el discurrir de las pinturas reunidas por Carmen como una instalación envolvente que nos confronta con los interiores erógenos de trece (no doce) momentos en el ciclo vital de la rosa (precisamente). Desde el botón lozano hasta el pétalo marchito, la corola se exhibe impúdica, “mustia en su hermosura, pero más humana, menos flor”, al propio decir de la artífice.

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