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Fina García Marruz Badía (1923)

Fina García Marruz Badía (1923). Una de las voces más destacadas de la poesía y el ensayo cubanos del siglo XX. Fundadora del Grupo Orígenes y de su revista. Premio Nacional de Literatura.
Nació en La Habana, el 28 de abril de 1923. Su padre, Sergio García Marruz, fue doctor de profesión y su madre, Josefina Badía, pianista. Del matrimonio nacieron tres hijos: Fina, Bella y Sergio.
En otoño de 1936, la presencia en La Habana del poeta español Juan Ramón Jiménez, exiliado de la Guerra Civil Española, representó un momento decisivo para la joven poetisa, que tenía apenas 13 años, pues con él compartió algunos de sus textos. En 1938 conoció también a la chilena Gabriela Mistral a su paso por la capital cubana.
Conoció a Cintio Vitier, que se convertiría en su esposo, durante la visita de Juan Ramón Jiménez en 1936, pero no fue hasta 1940, a su entrada a la Universidad de La Habana, que establecieron relaciones afectivas. Igualmente, en el centro de altos estudios habanero conoció a otro gran poeta cubano, Eliseo Diego.
En 1942 entró a formar parte del Consejo de Redacción de la revista Clavileño, primer órgano de difusión periódica lanzado por algunos de los poetas que integrarían luego el Grupo Orígenes, publicación en la que se mantuvo durante el breve período que se editó (1942-1943). En esta misma etapa las hermanas García Marruz realizaban reuniones nocturnas en su casa de Neptuno 308, entre Galiano y Águila, a las que asistían Eliseo Diego y Cintio Vitier, Octavio Smith, Gastón Baquero, Agustín Pi y, ocasionalmente, José Lezama Lima y Emilio Ballagas, tertulias que Agustín Pi bautizó como “El turco sentado”. También se producían por esa época las reuniones en la casa de Julián Orbón, músico y director del conservatorio del mismo nombre, y los viajes del grupo a Bauta, donde visitaban al padre Ángel Gaztelu, que allí ejercía como sacerdote. Fina García Marruz se integró a la empresa de Orígenes, revista en la que colaboró asiduamente con poemas, ensayos y notas críticas. Desde entonces su nombre quedó grabado junto al de un grupo de intelectuales que protagonizaron uno de los momentos creativos de mayor gloria para la cultura cubana.
En 1947 contrajo matrimonio con Cintio Vitier en la iglesia habanera de los Carmelitas Descalzos. Del matrimonio nacieron dos hijos que hoy son reconocidos músicos cubanos: Sergio y José María Vitier.
La reticencia de García Marruz a la hora de dar a conocer su obra, como testimonió Cintio Vitier, conduce a que sus libros de poesía, cuando al fin llegan a la imprenta, abarquen largos períodos de creación e incluyan numerosos cuadernos de variada intención y contenido. Este es el caso de los tres libros de poesía más importantes publicados por ella hasta el momento: Las miradas perdidas, que recoge su labor poética en el período que media entre 1944 y 1950; Visitaciones, que comprende su poesía escrita desde 1951 hasta 1970, y Habana del centro, desde 1971 a 1989. Ellos constituyen verdaderas “totalidades”, universos creativos que dan fe de la pluralidad de sus intereses poéticos en un período. Libros heterogéneos, nunca inconexos, pues los vertebra la superior coherencia del pensamiento poético de la autora.
Un muy reducido grupo de poemas publicados se excluye del corpus que conforman estos tres libros centrales. Antes de Las Miradas perdidas se publicó el cuaderno Poemas: Hoja única, Canta el mar, Nocturno (1942), que representa lo que la crítica ha dado a considerar el “instante juanramoniano” de García Marruz. También es anterior la publicación del poema “Transfiguración de Jesús en el Monte” (1947), con el que encontró su “definitivo acento”. García Marruz cuenta además con tres breves cuadernos: el poemario Viaje a Nicaragua (1987, en colaboración con Cintio Vitier), Créditos de Charlot(1990) y Los Rembrandt de L´Hermitage (1992), de los cuales los dos últimos están incluidos en Habana del centro.
Igualmente, su poesía ha aparecido en varias antologías, entre las que destacan Poesías Escogidas, con selección de Jorge Yglesias, y la Antología poética, compilada por Jorge Luis Arcos. En el año 2009, con motivo de dedicársele a la autora la Feria Internacional del Libro de La Habana, apareció Obra poética, editada en dos tomos, como resultado de la labor de compilación de Enrique Saínz, que, sin embargo, no recoge la obra poética completa sino la publicada en libros, con la valiosa adición del primer conjunto de textos que escribiera la autora, el poemario Hora temprana, anteriormente inédito.
Fina García Marruz constituye hoy, luego de algo más de medio siglo de producción poética continua, una figura ineludible de la poesía cubana. Ha sido considerada la única poetisa del Grupo Orígenes, aun cuando ella misma haya reclamado la pertenencia de Cleva Solís como la otra presencia femenina del grupo.
Su poesía ha sido traducida a varios idiomas y figura también en numerosas antologías extranjeras, entre las que resultan descollantes la antología realizada por Carmen Conde, Once grandes poetisas hispanoamericanas (Madrid, 1967), y la de Margaret Randall, Breaking the silence (Vancouver, Canadá, 1982). Asimismo, han acogido su obra numerosas revistas, entre las que se destacan Orígenes, Lyceum, Nueva Revista Cubana, Casa de las Américas, La Gaceta de Cuba, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí o Unión.
García Marruz ha desarrollado una vasta producción ensayística recogida en varios volúmenes y en revistas. Sobresalen entre los libros,Hablar de la poesía (1986), La familia de Orígenes (1997), Darío, Martí y lo germinal americano (2001), Ensayos (2003) y Estudios delmontinos (2008). Mención aparte merecen los numerosos ensayos dedicados al estudio de la obra y el pensamiento de José Martí, recogidos en varias series de Temas martianos, en compilaciones y revistas.
Resulta característico de su obra ensayística que se convierte con frecuencia en plataforma para expresar sus ideas sobre la creación, su concepto de poesía y de otros aspectos relacionados (forma, estilo) y, más aún, su comprensión del mundo, o sea, los elementos de lo que se suele llamar la poética de un escritor. Así, los dos importantes ensayos “Lo exterior en la poesía” y “Hablar de la poesía”, en que la autora realiza sucesivas aproximaciones al concepto de poesía.
La poesía de García Marruz se encamina a la penetración de una realidad que comporta “un desconocido” (oquedad, trasluz), o de la dimensión desconocida de lo evidente, aliada principalmente a la memoria, en que la calidad poética de lo circundante se desata con potencia mayor. También considera la poesía como la “moral venidera”, por lo que reivindica para ella un valor ético que no es un valor agregado, no significa la subordinación a un propósito moralizador: es cuestión de esencia. Asimismo, equipara belleza y poesía y, puesto que afirma que la belleza es “todo”, concibe la poesía como entidad suma, constitutiva de la esencia de las cosas y, por tanto, presente en todos los órdenes de la realidad, en oposición a “lo poético”, que está determinado por un enfoque específico, por la subjetividad del poeta. Por ello se justifica la existencia de poéticas y corrientes estéticas plurales, que no deben privilegiarse unas sobre las otras. La poesía se convierte así en fin último (que por ello no resiste otros “fines” o propósitos, “morales o inmorales”), la totalidad a la que se aspira y que rebasa al ser (como la naturaleza o el mundo, que no precisan de su participación para existir), de ahí que también apunte García Marruz que el poeta vive más dentro de la poesía que esta dentro del poeta.
El sustrato cristiano de su cosmovisión se expresa también aquí. De ahí que llegue a igualar “el misterio de la encarnación, misterio cristiano por excelencia, el del verbo que se hace carne”, que ha sido considerado el centro de su pensamiento poético, al “misterio de la poesía”. Se concibe por tanto la poesía como la mediadora entre los dos “órdenes”, el orden del espíritu y el de la vida, de los que toma su esencia, que es híbrida, compartida: aunque se compara al verbo y al espíritu, aunque tiene, como Cristo, una naturaleza divina; también es la carne, es el secreto de la vida y su anécdota. La encarnación significa el movimiento mediador, o sea, el descendimiento por el que se conectan los dos “órdenes”. Y lo que genera el descendimiento es la piedad hacia la vida, el intento de salvarla de su fugacidad, piedad que no puede provenir sino del espíritu mismo. Igualmente, en su poética tiene un peso esencial la realidad más desnuda y cotidiana (el mundo de lo particular), en que se privilegian los objetos y seres humildes como sus representantes más genuinos.
Otra pieza clave de la poética de la autora es el concepto de lo exterior. De este se nos dice que no es lo externo sino una exterioridad profunda, no lo exterior-conocido, sino la realidad en que confluyen la mayor visibilidad y el escape eterno, o sea, lo real en lo que tiene de misterioso, de inapresable, dado su escape trascendente.
Ya en Cincuenta años de poesía cubana (1902-1952), Cintio Vitier señaló las tres temáticas fundamentales de la poesía de Fina García Marruz: la intimidad de los recuerdos, el sabor de lo cubano y los misterios católicos. La “poesía de la memoria creadora”, la llamada “poética de lo cubano”, “la poesía de lo pequeño, lo cotidiano, lo sencillo” y “la evocación de la propia poesía”, resultan medulares en la construcción de sus libros Las miradas perdidas,Visitaciones y Habana del centro. Además, dado el hecho de que estos volúmenes representan momentos, o más bien períodos distintos del quehacer poético de Fina García Marruz, se pueden establecer en algunos casos las direcciones de variación o evolución de las líneas temáticas de un libro a otro. Lo religioso, esa otra línea temática que Vitier subrayara, aunque presente en numerosos poemas que toman por asunto arcanos del universo católico, la alabanza a la divinidad, entre muchos otros, rinde sus mejores frutos como sustrato del pensamiento poético de García Marruz, estrechamente ligado a su concepto de poesía, por lo que irradia en buena parte de su producción poética.
A partir de 1962, Fina García Marruz trabajó como investigadora literaria en la Biblioteca Nacional “José Martí”, y, desde su fundación en 1977 perteneció al Centro de Estudios Martianos, integrada al equipo realizador de la edición crítica de las Obras Completas de José Martí. Ganadora varias veces del Premio Nacional de la Crítica y de importantes distinciones cubanas e internacionales, se le otorgó el Premio Nacional de Literatura en 1990.

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