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La artista brasileña Eliane Elias. La dama del piano.

 

Una olvidada cinta con piezas inacabadas del legendario pianista de jazz Bill Evans ha sido el material con el que ha dado forma a un nuevo disco la artista brasileña Eliane Elias.

Por Carlos Galilea / El País (Madrid)

“Quién iba a decir que yo, una niña de once años, que adoraba a Bill Evans, acabaría por casarme con su contrabajista favorito y tendría en mis manos el honor y la responsabilidad de grabar las últimas cosas que él escribió”, afirma la pianista brasileña Eliane Elias (São Paulo, 1960), que lleva ya más de media vida en Nueva York. Pasó las Navidades en Brasil, y en casa de sus padres encontró las partituras de Bill Evans que había transcrito siendo una cría.

“Desde que yo tenía once años me apasionó su forma de tocar, la manera de armonizar y de usar la melodía”, dice por teléfono. Habla en portugués aunque a veces no encuentra alguna palabra. “¡Estoy tan acostumbrada al inglés!”, exclama. “Yo hacía transcripciones de muchos pianistas. Transcribía los discos de Oscar Peterson, Art Tatum, Errol Garner, Bud Powell, Herbie Hancock, Keith Jarrett… mientras giraban en el tocadiscos. Escribía cada nota en el papel pautado y después tocaba con ellos. Los discos eran de mi madre, que toca piano clásico y siempre fue una gran aficionada al jazz. Vengo de una familia, por el lado materno, muy artística. Su madre, que ya falleció, era hija de italianos cantantes de ópera y tocaba muy bien la guitarra clásica. Así que fui criada en un ambiente muy musical”.

Hace un año, Marc Johnson, el último contrabajista de Bill Evans, redescubrió una cinta de casete que el pianista le había entregado una semana antes de morir. “Bill le había dicho: ‘Aquí hay un material con el que estoy trabajando, que me gustaría que ensayáramos y grabáramos’. Cuando falleció en 1980, Marc quedó tan afectado que la guardó y nunca la escuchó. En un lado estaba Bill ensayando y en el otro hablaba de las piezas que estaba escribiendo y las iba tocando. Al oírlas me recorrió un escalofrío de los pies a la cabeza. Cuando era muy niña me emocionaba al hacer las transcripciones y sentía algo por dentro que no consigo explicar. El corazón se me salía y parecía una loca cuando terminaba. Me puse a trabajar enseguida en la transcripción de la música de la cinta. Al acabar la primera pieza, empecé a tocarla con él y me caían las lágrimas. Después de 30 años de música no pensé que volvería a sentir eso en mi vida”.

En el disco homenaje hay clásicos como ‘But Not For Me’ o ‘My Foolish Heart’ y composiciones de Evans como ‘Waltz for Debby’. Obras que van desde los inicios de Evans hasta las últimas cosas que él escribió. “Está ‘Five’, de una época en la que estaba muy influido por el bebop, por Thelonious Monk, y lo último que compuso, una pieza a la que le he puesto el título de ‘Here’s Something For You’ y para la que escribí una letra. No tenía intención, ya que estaba pensada para piano solo y trío. Un día en la cocina empecé a canturrear ‘here’s something for you…’, corrí al piano y comenzó a fluir la letra con una combinación de títulos de obras suyas, que él tocó o que fueron conocidas a través de él”, explica. “Eran tantas las piezas que yo quería grabar. Hay 17, que son bastantes, y no conseguía reducir el número. Decidí entonces hacer un disco de canciones, sin grandes improvisaciones, pasando de una canción a otra para poder contar una historia más completa”.

“Cuando miro hacia atrás me siento feliz y muy realizada. Y orgullosa de haber hecho lo que hice porque yo lo tenía todo en Brasil y me fui sola a Nueva York a intentarlo”.Eliane Elias
pianista

Un hombre introvertido

La convivencia con Marc Johnson le ha permitido a Eliane Elias poder conocer muchas cosas sobre el fallecido pianista estadounidense. “Era una persona reservada, un hombre muy introvertido. Su música, pese a instantes de gran alegría, y de comunicarnos ese estado de ánimo, tenía muchos momentos de introspección. En cuanto al lado personal, no era muy feliz, a causa de su dependencia descontrolada de las drogas. Lo que Bill Evans estaba haciendo era algo prácticamente suicida. En ‘New Conversations’, uno de sus últimos discos en estudio, estaba completamente limpio. Entonces no tomaba drogas y puedes escuchar la claridad en la música, en su piano. ¡Una maravilla! Fue una época en la que estaba más feliz, y consiguió vivir sin drogas, aunque luego volvió a ellas”.

Eliane Elias suscribe la tesis de que Bill Evans cambió la historia del piano en el jazz. “Trajo una función mucho más orquestal que la que tenían los pianistas de bebop. Amaba la armonía europea, la de Ravel y Debussy. Le gustaban los impresionistas y los románticos como Chopin. Aquel refinamiento armónico europeo mezclado con los ritmos del jazz. Él creó esa escuela de armonía. Y no sólo eso. También el sonido tan bonito que le sacaba al piano”.

Y apunta una teoría: “¿Sabe que Bill era zurdo? Tenía un excelente dominio del instrumento y con la mano izquierda podía cambiar notas de los acordes. Creo que el hecho de ser zurdo contribuyó a establecer esa diferencia con otros pianistas. Es una suposición mía, pero me parece muy interesante un zurdo como pianista”.

La brasileña ha tocado con secciones rítmicas tan brillantes como las formadas por Jack DeJohnette y Eddie Gómez o ahora Marc Johnson y Joey Baron. “Me parece que el trío de piano es la forma más linda de expresión, la gran estrella del jazz”, dice riendo. “Bill Evans, y eso es algo que a mí siempre me atrajo mucho, se juntó con músicos con los que había interacción. Músicos que participan. Tomemos por ejemplo a Oscar Peterson, al que también adoro, en su caso el piano hace un solo, el contrabajo hace su parte [se pone a imitar el latido con la boca] y la batería [prosigue su imitación sonora] también acompaña. En el trío de Bill Evans existe comunicación entre los instrumentos. Por eso se sentía atraído por bajistas como Marc Johnson, Eddie Gómez o Scott LaFaro, y baterías como Paul Motian o Jack DeJohnette, que tienen ese virtuosismo. Una forma del arte del trío que, en mi opinión, fue desarrollada por Bill Evans. Él fue quien comenzó”.

El poeta, la chica y la guitarra

A los 17 años, Eliane Elias acompañaba a Vinicius de Moraes, que se presentaba en público con una fórmula que él había bautizado como “el poeta, la chica y la guitarra”. Se ríe al recordarlo. “Nuestro grupo era más numeroso. Había contrabajo, batería, saxofón, percusión y tres vocalistas. Estábamos celebrando 10 años de colaboración de Toquinho y Vinicius con una gira por América del Sur. Permanecíamos un mes entero en un teatro de São Paulo, otro mes en uno de Río, y lo mismo en Buenos Aires, Montevideo… En ese espectáculo Vinicius se sentaba junto a una mesita con su vaso de whisky, Toquinho se ponía con la guitarra y yo me ocupaba de la dirección musical. Vinicius entraba en el escenario bailando y la gente enloquecía. Estuvimos tres años juntos. Hasta la muerte de Vinicius”.

Sabe que Fernando Trueba ha rodado un documental sobre el pianista Tenório Jr., desaparecido durante los primeros días del golpe de Estado de 1976 en Argentina. “¿Ya está listo? ¡Qué historia terrible! Salió una noche del hotel en Buenos Aires a comprar cigarrillos y nunca más se supo de él. Tenório tocaba el piano con Vinicius y Toquinho justo antes de que yo entrara en el grupo”, dice Eliane Elias, la única mujer que participó en la película sobre el jazz latino ‘Calle 54’. “Fue una sorpresa que Fernando me llamara. Me sugirió que tocara una determinada canción y mira que yo soy una persona complicada para eso, porque la pieza me tiene que gustar y soy yo la que elige el material que toco. Me preguntó si conocía ‘Samba triste’, de Edu Lobo, y cuando la escuché pensé que era perfecta para mí”.

En 1973, en São Paulo, entró en la escuela de Amilton Godói, “un pianista clásico, con una técnica increíble, que me preparó seriamente. Estudié la escuela clásica francesa y después la alemana. Él conocía los métodos de la Berklee School of Music y me lo pasó todo. Realmente lo absorbí todo muy rápidamente. Con quince años me ocupaba del departamento de piano, ¿bastante precoz, no?” (se ríe).

Reconoce la gran influencia que ejercieron en ella aquellas fantásticas formaciones de samba jazz, como el Zimbo Trio, de Amilton Godói, el Tamba Trio o el Jongo Trio, que impactaron a Rubén Blades y que fascinan a Fernando Trueba. La música instrumental brasileña vivió entre 1959 y 1965 una edad de oro. Según Trueba, tan importante como el impresionismo o la nouvelle vague, hasta que la industria decidió apostar por las canciones cantadas de tres minutos. “Fue una pena. Pero en Brasil la música instrumental, cómo podría decirlo, es tan minoritaria, son tan pocas las personas que la aprecian”.

 

“Yo tocaba con grandes de la bossa nova como Toquinho, Vinicius, Carlos Lyra o Billy Blanco, llevaba la dirección musical de festivales como los de Curitiba o São Paulo, y hacía televisión. Así que estaba muy bien situada profesionalmente. Pero desde pequeña decía ‘me voy a Nueva York’ porque veía que todos los discos que me gustaban estaban grabados en Nueva York. Leía ‘grabado en el Village Vanguard’ y yo pensaba ‘allí voy a ir’. Y allí fui”. En 1981, con 21 años, aterrizó en Manhattan. Una mujer, brasileña y blanca, en un mundo nocturno de hombres en su mayoría negros. Había que tener valor. “Tenía mucha seguridad en mí misma. Estaba muy segura de mi capacidad musical. Tenía ya mucha experiencia y la prueba de que estaba preparada es que todo sucedió muy rápidamente”.

Eliane Elias entró a formar parte de la banda Steps Ahead y fue portada de revistas de jazz. Llegó a comentar que, al contrario de lo que podía pensarse, lo de ser guapa no ayudaba. “Al principio sí que hablaban del físico, pero en cuanto me sentaba ante el piano y me ponía a tocar se quedaban boquiabiertos. Cuando entraba en un club y les decía que era pianista, ‘¡Ah!, eres pianista, sí, bueno’. Y lo entiendo porque ver llegar a una jovencita rubia y mona diciéndoles que era pianista no dejaba de ser algo raro. Yo también lo hubiera pensado. Asistía a las improvisaciones y sólo les decía ‘¿puedo tocar con ustedes?’. Y se fue corriendo la voz por toda la ciudad. Porque la música es la que habla”.

Más de una vez ha pensado cómo habría sido su vida de haberse quedado en Brasil. “Precisamente Marc me lo preguntó el otro día al hablarme de lo que he desarrollado. Yo no tenía intención de ser cantante, sólo usaba un poquito la voz como un instrumento, pero en los últimos años desarrollé esa faceta de una forma tremenda. Aunque empecé medio tímida en los primeros discos, hoy se puede ver cómo suelto la voz. En Brasil hubiera tenido que dedicarme a acompañar a cantantes. Y a mí eso no me va. La única cantante a la que me gusta acompañar es a mí misma (la carcajada retumba en el auricular). Y aun así mi piano se pone celoso” (sigue riendo).

‘My Foolish Heart’ es una obra que a Marc Johnson le enseñó su padre y que le guió hacia Bill Evans como un faro. “Cuando Scott LaFaro, miembro del trío original de Evans, murió en un accidente de tráfico en 1961, con 25 años, su contrabajo estaba en el coche y una parte quedó dañada. El instrumento, una auténtica joya, fue restaurado y guardado en un estuche enorme, a una temperatura determinada y con la humedad perfecta, en el taller del lutier que lo reconstruyó. Marc le comentó lo que estábamos haciendo y él le dijo ‘va a ser la primera vez que lo ofrezco y es porque para vosotros dos se trata de algo muy serio. ¿Te gustaría tocar el contrabajo de LaFaro?’. Grabamos dos temas el 4 de julio, Día de la Independencia de Estados Unidos. Uno es un ‘bonus track’ para la edición japonesa, ‘Re: Person I Knew’, y el otro, ‘My Foolish Heart’. Con ese contrabajo que tiene una sonoridad tan particular, que permite notas bien largas. Todo en este disco parece que tenía que ser mágico”.

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