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María Cortés de Chaves.

María Cortés de Chaves.

En el mundo de los productos de belleza fue la mujer que pintó con colores vivos la firma de cosméticos más grande de Colombia.

Quizás su nombre no sea muy famoso, o al menos no tan reconocido como el de la marca que fundó en 1955. Mencionar en Colombia Jolie de Vogue, es hacer referencia al Concurso Nacional de Belleza de Cartagena, es pensar en el maquillador oficial de los principales desfiles de moda del país y en los productos que usan actrices y modelos.

Pero, ¿quién estaba detrás del éxito y del posicionamiento de ese nombre? No podía ser alguien más que una barranquillera que poco sabía de límites y todo conocía de sueños.

María Cortés de Chaves, empezó el imperio femenino dentro de un garaje en Bogotá en el que preparaba esmaltes. Las ollas y el instinto artesanal fueron sus aliados, su esposo, el complemento perfecto.

Roberto y María deciden asociarse con el señor Gamboa un familiar de los dueños de una de las empresas en las que había trabajado María. Fabricaron esmaltes, con la marca Love Lines (líneas de amor) que Roberto observó en alguna ocasión y le había gustado. Es así que inician en el mundo de los esmaltes, los ofrecían en almacenes de barrio y en grandes cadenas donde Ley y Tía aceptaron el producto.

Saliendo ya de algunos apuros económicos, deciden ir a Estados Unidos a buscar oportunidades, junto con sus seis hijos, (su  ultimó hijo nació en 1971, diez años después del menor). Sin embargo, con todos los riegos a bordo se asociaron en el comercio de repuestos de avión, pero al cabo de un año, regresan a Colombia, víctimas de una estafa por parte de su socio que se voló con todas las ganancias. Les pidió una base económica, en la cual buscaron un préstamo con un interés del cinco por ciento, y no siendo su única decepción, al llegar a Bogotá y reencontrarse con el socio de la fábrica de esmaltes, se dieron cuenta que la marca Love Lines había sido negociada sin su consulta y de la que además no habían recibido ningún dinero durante su estadía en Norteamérica.

Esta pareja decide sin remordimiento alguno separarse de su socio. Es aquí que enfrentan de nuevo un camino desconocido y deciden alquilar una casa vieja donde el garaje seria  la fábrica de esmaltes con el nombre de Vogue que sería el comienzo de una gran marca, llevándolos a figurar en el listado de “mayores empresarios de Colombia”.

Al principio con labores en ollas donde cocinaban los insumos químicos, con máquinas de escribir para hacer las facturas, una química y un empacador. Empezaron hacerle competencias a marcas ya posicionadas y atendían los pedidos de los únicos almacenes de cadena que había en ese momento en Colombia: Tía y Ley.

En 1986  entran en vinculación como patrocinador oficial del Concurso Nacional de Belleza, donde indudablemente  marcó la historia de Vogue.

El trabajo arduo y los escasos recursos sirvieron de trampolín para que esta mujer lograra adquirir una pequeña fábrica donde la producción era más acelerada y efectiva. Fábrica que se convertiría en la cuna donde nació Laboratorios Vogue.

Un espacio que quedó pequeño cuando los Chaves se dieron cuenta que había muchos mercados por conquistar y clientes que podrían quedar satisfechos con el lanzamiento de marcas como Candy, Jolie de Vogue, Innovations 2000, Wendy y Vanity Collection.

Ahí empezaba la historia de María Cortés, a los 18 años de edad, después de que cerraran la fábrica de cosméticos en la que aprendió las fórmulas para hacer los esmaltes.

Aunque nunca pensó en tener una empresa tan reconocida en América Latina y el mundo, la vida le mostró que para eso había nacido. El deseo de su esposo Roberto, de ser independientes hizo que invirtieran todo el dinero que tenían en la compra de productos y de una camioneta con la que recorrieron las calles de Bogotá en busca de droguerías, misceláneas y tiendas a las que les vendían sus ‘frasquitos’.

Pero después de exportar su línea de productos a Panamá, conquistar el mercado de Estados Unidos, Bolivia, Perú, Guatemala y Costa Rica, la barranquillera decidió en 2012 vender el imperio de belleza a la compañía francesa L’Oréal París, una decisión que según ella misma afirmó en octubre de 2013, mientras le entregaban el premio ernst & young a toda una vida de emprendimiento, “fue inteligente y riesgosa como las que ha tomado siempre y cargada de expectativas positivas para perpetuar la marca en el tiempo”.

En esa época contó que estaba dedicada a su estado físico y a su salud, asistía constantemente al gimnasio y dictaba algunas conferencias cuando se lo proponían. Una empresaria que trazó su legado hasta el pasado lunes 24 de febrero cuando falleció, al parecer por complicaciones cardiacas.

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