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Marta Abreu (1845-1909)

Marta Abreu (1845-1909)
Marta de los Ángeles Abreu Arencibia (1845-1909). Benefactora cubana. Realizó, con su fortuna, contribuciones a numerosas obras humanitarias y culturales en su ciudad natal, así como a la independencia de la Isla.
Marta Abreu nació el 13 de noviembre de 1845 en la ciudad de Santa Clara. Sus padres fueron Pedro González Abreu, funcionario español, y Rosalía Justiniana Arencibia. Su primera enseñanza estuvo a cargo de Josefa Basabe, y pasó después al instituto para niñas que inaugurara en 1858 la maestra Coleta de Fuentes. Otro de sus preceptores fue Eduardo Rodríguez Veitía, encargado de enseñarle idioma inglés.
El 26 de marzo de 1873, cinco años después de iniciada la Guerra de los Diez Años, Marta Abreu pasó a La Habana, donde su padre había adquirido la finca Palatino. Al año siguiente contrajo matrimonio con el abogado Luis Estévez y Romero.
El 18 de octubre de 1882, al morir su madre, entró en posesión de la fortuna que, con sus dos hermanas, había heredado de sus padres, e inició con sus fondos una serie de obras benéficas y culturales en su ciudad natal.
En el mismo año contribuyó a la creación del colegio San Pedro Nolasco; pero poco después resultó necesario ampliar la matrícula del plantel, a cuyo efecto las hermanas Abreu aumentaron la suma inicial aportada por el legado del padre. Al mismo tiempo crearon un asilo de pobres, bajo la advocación de San Pedro y Santa Rosalía.
Otras obras educacionales costeadas por las hermanas Abreu fueron la escuela para niñas Santa Rosalía, entregada al cuidado y dirección de la Congregación de Monjas Hermanas del Amor de Dios. Por su parte, Marta fundó la escuela La Trinidad, para niños negros, en el local que ocupaba la sociedad de pardos de Santa Clara. El establecimiento se sostenía con el producto de los alquileres de dos casas de su propiedad.
A finales de 1883 concibió la idea de construir un teatro en Santa Clara. El Ayuntamiento de la ciudad aprobó el proyecto, y dos años después se inauguró el teatro La Caridad, frente a la Plaza de Armas, en el mismo centro de la ciudad. En la noche de su inauguración, un grupo de aficionados interpretó el drama Caridad, dedicado a Marta, mientras Clara Marina, estrella de la Sociedad Dramática, se presentó con el monólogo Marta, de Emilio Pérez de Morales. Bajo el balcón central se colocó una tarja de mármol blanco con la inscripción «Erigido por Doña Marta Abreu de Estévez para socorrer en memoria de sus padres a los pobres de Santa Clara».
El 18 de mayo de 1887, la benefactora villareña costeó la construcción de cuatro lavaderos públicos para las mujeres dedicadas al lavado de ropas, similares a los que había conocido en Suiza.
Entre sus propiedades en Las Villas se encontraba el ingenio azucarero San Francisco, su lugar de descanso al regresar de viajes al extranjero. Con las ganancias del ingenio también atendía obras de caridad, sostenía escuelas, ayudaba a estudiantes pobres interesados en hacer carrera y adquiría ropas y calzado que distribuía anualmente a los villaclareños necesitados.
Concedió la libertad a los esclavos de su dotación, antes de que esa institución fuera abolida en 1886. Los trabajadores del ingenio tenían una pensión de seis pesos mensuales, y la asignación de una parcela de tierra. Algunos eran empleados como jornaleros y otros como sirvientes domésticos.
El 28 de abril de 1885 financió la construcción de un puente que posibilitaba el acceso a Santa Clara desde el camino del Cayo (Remedios) en época de lluvias. También reconstruyó los hospitales San Juan de Dios y San Lázaro, además de dotarlos de camas, ropas y medicamentos.
Contribuyó con trescientos pesos a la edificación de la iglesia del poblado de Encrucijada, a la que donó una imagen de San Pedro Nolasco tallada en París. Asimismo, contribuyó con quinientos pesos a la construcción de un cuartel para el Cuerpo de Bomberos Municipales y del Observatorio Meteorológico Municipal.
En 1888 aportó importantes recursos para la celebración de la Feria Exposición Agrícola e Industrial, que se realizó en conmemoración del segundo centenario de la fundación de la villa.
En 1894, la Revista Villaclareña difundió la idea de crear un centro benéfico de atención especial a la niñez pobre, que llevara el nombre de Marta Abreu. Esa iniciativa fue impulsada por la misma Marta, quien proveyó a la institución de instrumental quirúrgico y mobiliario.
En ese mismo año solicitó al Ayuntamiento de Santa Clara el establecimiento de una fábrica de alumbrado eléctrico que supliera el de gas, existente desde 1858. Para ello contrató los servicios del ingeniero Juan T. Rique. Los trabajos de instalación fueron acelerados, en vísperas del inicio de la Guerra de Independencia. La noche en que se inauguró la planta eléctrica se efectuó la apertura del dispensario para niños pobres El Amparo, y un baile en honor de Marta, al que asistieron representaciones de Sagua la Grande, Cienfuegos, Trinidad y Sancti Spíritus. Al día siguiente, la benefactora donó veinte máquinas de coser para que se distribuyeran entre mujeres pobres.
El 16 de junio de 1895 marchó a Francia con su esposo. Sus relaciones de amistad con el autonomista Rafael María de Labra le sirvieron como conducto para socorrer con dinero a los cubanos confinados en las cárceles españolas en Ceuta, Chafarinas y Fernando Poo.
Durante su estancia en Europa mantuvo contactos con el agente de la Delegación Plenipotenciaria de la República de Cuba en Armas en Francia, el puertorriqueño Ramón Emeterio Betances, y con el delegado Tomás Estrada Palma. Contribuyó a la compra de armas, municiones y medicinas para ser remitidas a la Isla. Encabezaba la relación de donantes en París para la causa de la independencia cubana, con la suma de 10 000 pesos.
El 18 de junio de 1898 llegó en compañía de su esposo a Nueva York, y se trasladó posteriormente a Filadelfia. Volvió a Cuba en febrero de 1899, al iniciarse la primera ocupación militar de Estados Unidos en Cuba. En Santa Clara se organizó para festejarla una manifestación popular que desfiló frente a su hogar. En mayo de ese año regresó a La Habana.
En diciembre de 1908 viajó a París. Se disponía a regresar a Cuba cuando enfermó y tuvo que ser intervenida quirúrgicamente, en operación en la cual participó el médico cubano Joaquín Albarrán. No pudo detenerse la septicemia que contrajo, y el 1o de enero de 1909 falleció en la capital francesa. Sus restos se depositaron, provisionalmente, en el Cementerio de Montmartre, hasta que el 20 de febrero de 1920 fueron llevados a Cuba junto con los de su esposo, quien se había dado muerte al mes siguiente del fallecimiento de su cónyuge.

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