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MAYA SELVA: EMBAJADORA DEL TABACO HONDUREÑO

MAYA SELVA: EMBAJADORA DEL TABACO HONDUREÑO
Honduras celebra la primera edición del Festival Humo Jaguar, que coloca a ese país en la mira mundial de una antigua tradición, muy arraigada en los grandes salones del mundo desarrollado.
Un mundo donde el tabaco hondureño ya se reconoce como uno de los mejores del planeta, y con justa razón. Hallazgos arqueológicos revelan que el puro tiene sus raíces en el Mundo Maya, donde se han encontrado restos de un puro que data del año 400 D. de C.
Maya, casualmente, es el primer nombre de la principal impulsora, por Aprotabacoh (Asociación de Productores de Tabaco de Honduras), de Humo Jaguar, que traerá a 150 connoiseurs por un grandioso tour que incluye a San Pedro Sula, Copán Ruinas, Danlí y Tegucigalpa. Con visión y espíritu emprendedor, Maya ha dado un toque femenino a una industria de vital importancia para la economía nacional.


Visitando con ella los campos de tabaco del Departamento de El Paraíso, conocimos a una mujer visionaria, que ha posicionado dignamente el nombre del tabaco de Honduras en la Comunidad Europea y Estados Unidos, alternando entre Honduras y su centro de operaciones en su natal París.
Viaje al mundo del tabaco
La aventura comenzó temprano una mañana de jueves. La comitiva de la revista Cromos arrancó cuando el sol se asomaba por el horizonte, emprendiendo viaje por la carretera a Danlí, al sureste de Tegucigalpa, atravesando el valle del Zamorano y serpenteando por pequeños valles y colinas hasta llegar a nuestro destino a las afueras de la ciudad de las colinas.
Nuestra primera parada fue en las oficinas de Tabacos del Oriente, una de las mayores fábricas del ramo en Honduras, hermosa instalación cuya entrada, cubierta de coloridos murales, representa escenas de los campos de la zona, que hoy en día concentra casi tres cuartas partes de la producción nacional de puros, empleando a 16 mil personas.
La fábrica emplea a unas tres mil personas, y produce marcas como María Mancini, Maxx, Casa Magna, La Libertad, La Floridita y por supuesto, Flor de Selva, de la que Maya es creadora y que la convierte, en apenas quince años, en una de las fabricantes y promotoras más reconocidas del mundo, posicionando los mejores puros hondureños en los principales punto de ventas del continente Europeo, en especial de la Ciudad Luz.


En Tabacos del Oriente
Joven, de espíritu positivo y perenne sonrisa, Maya nos regala un rápido recorrido por las diferentes etapas de la fabricación del puro (o tabaco), una vez las hojas han sido traídas, ya procesadas, desde el beneficio, donde se selecciona, clasifica y fermenta la hoja de tabaco.
Recorremos las diferentes zonas de la fábrica: el área asignada para el despalillo, que consiste de quitarle la vaina central a las hojas, la zona de los torcedores, la de control de calidad, la de almacenamiento y la de empaque.
Maya se detiene en una mesa, y saludando a las obreras, se enrolla rápidamente una enorme hoja de tabaco color café alrededor del antebrazo, arrancando la vaina central de un solo tirón mientras bromea con las señoras, quienes aprueban su demostración de la técnica, previa al estirado, planchado y torcido del puro, actividades que se realizan en otras áreas de la instalación, en la que predomina la fragancia del tabaco fermentado.
Sostenemos una breve entrevista con un caballero llamado Conrado Plasencia, quien nos recibe en una amplia oficina repleta de memorabilia de la industria del tabaco hondureño y cubano.
Plasencia nos cuenta que sus antepasados, originarios de las islas Canarias, España, comenzaron, alrededor del año 1880, a cultivar la planta de tabaco en la zona aledaña a San Luis de Pinar del Río, al occidente de Cuba.
Ya para entonces, el tabaco tenía gran demanda en Estados Unidos, España e Inglaterra. Durante el auge de esta industria en Cuba previo a 1959, los productores lograron dominar a la perfección las técnicas de selección de tierras y zonificación de diferentes modalidades de la planta, y el dominio de los pasos del proceso de producción de tabacos.
A la llegada del sistema socialista, fueron intervenidas las fábricas de la isla, pasando todo a manos del Estado, lo que supuso un desastre para los avances que se habían logrado hasta aquel momento. A principios de los años 60, y al ver la falta de libertad prevalente, comenzó la búsqueda de nuevas opciones.


La ruptura de las relaciones comerciales entre Cuba y Estados Unidos representó una reducción de los inventarios en la nación del norte, por lo que se comenzaron a buscar alternativas para el cultivo de la planta, encontrándose magníficas tierras en el valle de Copán, en Honduras y eventualmente al sur, en el valle de Jamastrán.
La fabricación de puros en Honduras, apunta Plasencia, había comenzado ya dos siglos atrás en Honduras, incluyendo en 1898 la inmigración del general Máximo Gómez, cubano.
En esta parte del relato, debimos excusarnos con don Conrado, pues la premura nos obligó a volver con Maya Selva, quien debía llevarnos a los campos de tabaco, para lo que teníamos el tiempo limitado. Nos despedimos temporalmente de Tabacos del Oriente y continuamos nuestro tour, dirigiéndonos a la finca tabacalera Santa Eulalia, donde crecen las plantas de tabaco que dan vida a los puros Flor de Selva.
La pasión de Maya
Maya Selva nació en París, Francia, hija del matrimonio que forman Carlos Selva Reina, ingeniero civil hondureño y Marie Claire Andrieux, economista francesa.
La mayor de cuatro hermanos, Maya viaja a vivir a Honduras, creciendo junto a su familia en la histórica cuesta de La Leona, en la casa rosada donde residiese un tiempo también la familia Cantero. Su adolescencia transcurrió inmersa en el medio intelectual local, muy bohemio, impregnado de la esperanza y el humanismo típicos de la década de los 70.
Caminaba, todos los días, por las calles del centro de Tegucigalpa, pasando por el legendario Jardín de Italia, la Joyería Cantero, Larach y Compañía y la célebre Casa Uhler, pasando frente a la entonces Casa Presidencial hasta cruzar el puente Mallol, para llegar hasta la Alianza Francesa, ubicada en Comayagüela, sede por varios años del Liceo Franco Hondureño, donde realizó sus estudios de primaria y secundaria.
Concluida su educación básica, regresó a Francia, donde cursó una ingeniería en sistemas y después a Estados Unidos, a realizar una maestría en Investigación de Operaciones.
A sus 24 años de edad, regresó a Honduras, convencida de todo corazón que era su deber solidarizarse, colaborando a solucionar de alguna forma la aguda problemática del país. Al no encontrar trabajo, debió viajar a París, donde persistió en la idea de aprovechar su posición para hacer algo por Honduras, particularmente en la rama de las exportaciones.
Durante la apertura de Europa del este, descubrió la popularidad del puré de banano en aquella zona del mundo, investigando y haciendo las averiguaciones correspondientes para dedicarse a exportarlo. Debió desistir debido en parte a la falta de apoyo y a una gran cantidad de dificultades inherentes a dicho negocio.


Por esos días, el círculo de amigos que frecuentaba con su novio (y eventual esposo Philippe Thiolat) fumaba puros, y le sorprendió descubrir que no existía en aquel momento en toda Francia una sola marca de puros que dijese “Made in Honduras”.
De regreso a Honduras visitó a don Jorge Bueso, dueño de la marca “La Flor de Copán” en la ciudad de Santa Rosa, quien se tomó el tiempo para explicarle los pasos del proceso de fabricación de puros, llevándola a los sitios donde se procesaba el producto en sus distintas fases. Interesada en realizar un proyecto de tabacos, visitó las zonas de Honduras donde se elaboraba el producto. Unos amigos le hablaron de Néstor Plasencia, quien emigrase a Honduras hacía varias décadas.
En él, Maya encontró a su mentor, una persona que ama a Honduras, y que le enseñó, en poco tiempo, todo lo que necesitaba saber sobre el arte de hacer tabacos (o puros). Se vino a vivir a Danlí, aprendiendo junto a Andrés Díaz, encargado de materia prima, a conocer los secretos del cultivo y procesamiento de la planta.
Con Máximo Trujillo, encargado de Liga, descubrió no sólo que cada puro tiene una receta específica, sino que formularla es todo un arte, destreza para la que Maya demostró un talento especial que, finalmente, la movió a hacer de los puros no solo su negocio, sino su vida.
Profundizó en las tres economías involucradas en el proceso: la del campo (con el cultivo de la planta), la del beneficio (con el manejo de la materia prima y su fermentación), y finalmente la de la fábrica, donde aprendió el proceso de liga y a lograr una receta ganadora.
Hoy, Maya Selva ha creado y posicionado en el mercado europeo la marca Flor de Selva, de la cual se producen un millón de unidades al año, junto con las más de 200 marcas que salen de la fábrica Tabacos del Oriente.


En los campos
Para conocer el sitio donde nace Flor de Selva, marca en la que nos concentramos para esta edición de Cromos, viajamos desde Tabacos del Oriente hasta el punto donde se cultivan las hojas de Flor de Selva, en la finca Santa Eulalia, donde en un campo sembrado de plantas color esmeralda, nos dimos a la tarea de transformar a Maya Selva, para capturar con el lente de Saúl Larios el espíritu de una dama que ha encontrado, con ingenio, mística de trabajo y mucha disciplina, un negocio que le permite participar de una maquinaria productiva que le genera anualmente 125 millones de lempiras (según datos de 2008 del BCH) a nuestro país.
Una industria cuyos productos Maya Selva ha logrado colocar en sitios como el Hotel Ritz y el restaurante Guy Savoy de París, entre muchos otros en Francia y toda la Comunidad Europea y Estados Unidos.
Es así como los tabacos de nuestras tierras, trabajados con manos hondureñas, llegaron hasta los puntos más exclusivos del mundo. Es un producto catracho, elaborado por hondureños productivos, varios a los que tuvimos el privilegio de conocer durante nuestro breve periplo.
Por ejemplo, durante la visita de campo, nos auxiliaron personas como el Chele, su esposa y sus hijas, quienes con la sencilla dulzura del hondureño, nos prestaron el corredor de su casa para acampar temporalmente. Platicamos también con don Concho, un ingeniero que con enorme conocimiento y experiencia coordina las actividades que se realizan en 450 manzanas de cultivo de tabaco entre las fincas Santa Eulalia y La Música.
Caminamos también dentro de las Casas de Tabaco, enormes galerones de madera ubicados junto a los sembradíos de la planta, tocando con nuestras propias manos los cujes, barras de madera de donde cuelgan las hojas de tabaco en los diferentes momentos del proceso, caminando de estancia a estancia, sintiendo en el aire las diferentes temperaturas a las que son sometidas las hojas de tabaco en el proceso de secado o pérdida de clorofila, antes de llevarlas al beneficio.
También conocimos los viveros, donde acariciamos con la mirada las pequeñas y delicadísimas hojitas verdes de la planta, siendo testigos de los meticulosos controles de calidad a las que son sometidas para lograr excelencia en el producto final.
Para terminar el día, regresamos a Tabacos del Oriente a hacer las últimas fotos de nuestra protagonista con los puros terminados, hermosamente empacados en sus emblemáticas cajas de madera de cedro.
Durante el viaje de regreso, al detenernos a cargar gasolina, pudimos constatar, compartiendo con Maya una merienda de mango verde con sal, que Selva es tan hondureña como nosotras, y que a pesar de vivir gran parte del año con su familia en su apartamento a dos cuadras de la Torre Eiffel, se ha integrado al campo perfectamente, para fundir lo mejor de dos mundos y hacer algo positivo y productivo por su país, que también es Honduras.
Aplaudimos, finalmente, la maravillosa iniciativa que representa el festival Humo Jaguar, anticipando la emoción de conocer, cada dos años, los avances y novedades de un selecto grupo de personajes que a nivel mundial representan las miles de personas que se regalan como recompensa a un día de duro trabajo, el placer especial y el justo derecho a degustar un buen tabaco, un puro hondureño, el mejor del mundo.
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