Home - Latinas Destacadas - Olivia Silva

Olivia Silva

Olivia Silva

Olivia Silva la pionera de Solentiname
Es una de las iniciadoras del primitivismo en la isla de Solentiname. Pertenece a la generación de mujeres pintoras de la isla, entre ellas sus hermanas Marina y Daysi Silva; sus hijas María, Gloria, Miriam y Nubia Guevara.

Pertenece a la generación de las pintoras Marina Ortega, Elba Jiménez, Elena Pineda, Rosa Pineda y Yelba Ubau.

“Se puede decir que Olivia es una de las pioneras con su familia en Solentiname”, valora Julie Aguirre.
Sus pinturas narran la vida de Solentiname en trazos ingenuos y con mucho color y alegría

Una semblanza de Olivia Silva

HALLÉ MI PROPIO MUNDO A TRAVÉS DE LA PINTURA.

“Comencé a manchar” un cuadro a los 50 años, para ese entonces por allí del 73 ya las mujeres de la comunidad de Solentiname pintaban, yo las empujaba a que aprendieran, a que fueran disciplinadas. Después de todos los oficios domésticos que teníamos que realizar lo mismo que el trabajo en el campo, porque nosotros somos campesinas”. Me dice complacida Olivia Silva, pintora primitivista de Solentiname.

“Yo veía al lago tan grande y tan bello, y el ver y rojo y amarillo en las islas con el celeste del agua que las rodeaba, y yo también quería pintar, porque cuando uno no está relacionado con la naturaleza, esta te va enseñando sin tanto quebradero de cabeza, pero si es verdad, tenés que aprender alguna técnicas, nos iniciaron en ellas, pero nos abrieron los ojos para e, sentir, para descubrir los colores en el mango que nos comíamos, ves, los colores de la vida, a desarrollar la creatividad. Recoger el azul del lago que estoy viviendo y dejarlo en la tela, eso me hace feliz.

Yo te decía, que yo veía a las mujeres de la comunidad hacer sus cuadros, y yo me moría por pintar… Bueno la verad es que todo comenzó cuando Ernesto Cardenal llegó a Solentiname en 1966. Él andaba caminando, conociendo el terreno de la isla, y cuando llegó a un rancho, pidió agua, allí fue cuando conoció a Eduardo, que además de campesino era artesano y labraba el huacal, o mejor dicho, sombreaban el huacal, lo rayaba dibujando animales, árboles cuando estaba crudo, después de cocido, lo pintaba con anilina; así le dio a Ernesto a beber agua fresca del lago en ese huacal tan lindo.


Cuando Ernesto regresó a vivir aquí le ofreció a Eduardo enseñarle a pintar, le dio papel y lápiz y el muchacho comenzó a bocetear, pero fue cuando llegó Róger Pérez de la Rocha, que se empezó la Escuela en serio, Róger llegó a visitar y quedó encantado de la actividad en conjunto de la comunidad.

Alejandro, mi hijo mayor que es ahora el Ministro Delegado de la Presidencia de Río San Juan, fue el primero que tuvo la iniciativa de pintar, de hacer un cuadro completo, y esto motivó al resto.

Cuando yo vi a los hombres pintando, me dije que también las mujeres, como seres humanos teníamos derecho, eso lo aprendía ver, cuando Ernesto nos hablaba de la liberación a través del Evangelio, puesto que él lo enfocaba así. El Evangelio puede ser liberador, o como la hierba, adormecedor.

Yo asistí a la Misa campesina con todos mis hijos y la comunidad, entonces ya me iba despertando, iba dándome cuenta de las condiciones que vivíamos, de la realidad de opresión a que estábamos sometidos los nicaragüenses y peor las mujeres porque el valor de las mujeres no estaba reconocido.

La primera de las mujeres de la comunidad, que empezó a pintar fue la María Guevara Silva, mi hija mayor, que en ese tiempo tenía 16 años, después la Marina Ortega se interesó y la María le enseñó. Con solidaridad fue iniciándose el taller de pintura primitiva. Mis otras hijas la Gloria que tenía 15, le enseñó a la Esperanza de 14, a la Miriam de 13, a la prima María Silva de 11 años. También aprendió a amar la pintura la Helena Pineda de 14, y así en esas islas, tan remotas en ese tiempo, nosotras no sabíamos que estábamos ya haciendo la Revolución.

Después que las muchachas ya pintaban, yo no me atrevía por temor de echar a perder los materiales, lo que yo hacía eran flores de papel crepé. Mi primer cuadro no gustó mucho, pero tenía la esperanza de superarme y de tanto practicar lo logré, ahora de eso vivo, de pintar, así todo el resto de las muchachas entre ellas mis hijas, todas contribuyen a la producción artística, pero también mejoran su propia economía, y esto es bueno que la mujer común y corriente que nunca tuvo la oportunidad de integrarse en el pasado, se integra a un mundo nuevo a través del arte. Que la mujer descubra su propio mundo y pueda realizarse, así debe ser.

Con sus hermanos, con sus novios, es que estas mujeres se iniciaron también la lucha armada el 13 de octubre, fecha que se dio inicio a la ofensiva final del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que permitió al pueblo de Nicaragua a vivir en Revolución. Ahora todas ellas, están integradas a trabajar en el Estado y la mayoría sigue pintando, unas, allá, en las islas y otras aquí como yo que tenemos los colores de los árboles, el azul del lago su oleaje. Los tenemos vivos en nuestros ojos, y pintamos para que otros ojos los vean y conozcan nuestra belleza”:

A la Olivia quien en los sesenta y tanto años le brillan los ojos pícaros y mientras habla, me va enseñando más cuadros de ella y de sus hijas, que están colocados encima de mesas, de sillas, en el suelo, esperando secarse para ser empacados y enviados a una exposición de pintura primitivista en Europa. Yo voy viendo los cuadros, y me siento feliz, de nuevo voy cruzando el inmenso lago de Nicaragua, atravesando en la panga en medio de las islas, y hasta siento el agua refrescándome el rostro y veo cruzar en bandadas a los patos, que se remontan de una manera deliciosa en el azulceleste cielo de la Zona Especial III de Río San Juan.

Déjanos tu comentario

Tu dirección de email no será publicada. Required fields are marked *

*