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Patricia Salaverría

Patricia Salaverría, talento artístico a flor de piel
La escultora Patricia Salaverría es una admirable representante de las artes visuales en El Salvador. Sus obras han ocupado sitio incluso en Norteamérica. Conoce su trayectoria.
Creatividad, pasión y descubrimiento constante son las cualidades que se fusionan en la escultora salvadoreña Patricia Salaverría, quien de padre salvadoreño y madre guatemalteca, nació en México, D.F., el 3 de octubre de 1948, cuando Enrique Salaverría, su progenitor y también escultor de reconocida trayectoria, estudiaba Arquitectura en aquel país.

Cuando ella tenía apenas tres años de edad, se trasladó junto a su familia a El Salvador, donde surgió esa habilidad artística que descubrió paulatinamente, como una especie de herencia familiar.
Señales de talento

Su vocación por las artes dio sus primeros indicios cuando Patricia tuvo contacto con el barro. Su padre siempre lo tenía preparado para sus esculturas en unos barriles. El recuerdo más grande que guarda es cuando el gobierno del presidente José María Lemus le encargó unos monumentos en honor a Francisco Gavidia y de Miguel de Cervantes Saavedra. Cuando ella regresaba del colegio, jugaba con el barro que su padre almacenaba. Tal curiosidad fue aprovechada por este, quien le solicitaba su ayuda en la elaboración de rollos gigantes con este material, que luego servirían para darle forma a la figuras.

Después de terminar la secundaria en Canadá, regresó a El Salvador y estudió en el Taller Cerámica 2000, que dirigía su padre don Enrique Salaverría. A finales de los noventa, profundizó también sus habilidades artísticas en el Centro Nacional de Artes (CENAR), donde estudió escultura, cerámica y dibujo. Entre sus docentes, se encontraba el fallecido pintor Antonio García Ponce, considerado el máximo exponente del dibujo en El Salvador.

Marcha a sus exposiciones

El año de 1975 marcó el inicio en que Patricia dio a conocer sus obras al público. Su primera exposición fue en la Galería Pasos, abierta en aquellos años en San Salvador, donde comenzó con cerámica. Dos años después, sus muestras artísticas fueron expuestas en la Galería Macondo, Guatemala. En 1977, también participó en la II Bienal Centroamericana de Artes Plásticas, celebrada en el Museo de Arqueología de ese mismo país.

Su exposición en 1988 en la Galería 1, 2, 3, en la capital salvadoreña, figura como un acontecimiento emotivo para la escultora, pues, durante el evento de inauguración, el dramaturgo salvadoreño Álvaro Menéndez Leal, halagó el trabajo de la artista.

En 1990, el Museo de Arte Moderno de Latinoamérica en Washington, D.C., invitó a Patricia a una exposición. Esta oportunidad fue el enlace para que la artista donara al museo una de sus obras en hierro titulada “Un ojo en el espacio”. Días después, recibió una carta de agradecimiento de parte del director de ese centro, quien le comunicó que aquella obra formaría parte de la colección permanente del museo. Durante 1991, participó con sus obras en el Certamen de Cerámica de Centroamérica, Belice y Panamá y, para 1997, sus creaciones llegaron hasta Miami, Florida.

La última década ha estado dedicada a dar a conocer sus obras en Apaneca, Ahuachapán; en el Palacio Tecleño de la Cultura y las Artes y en la capital.

Con el paso de los años, Patricia ha experimento con diversos materiales, descubriendo nuevas técnicas. Después de trabajar con cerámica y hierro, inició sus propuestas en madera; luego, combinó este material con el hierro. En la actualidad, le apuesta a la técnica con resina.

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