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Petrona Viera (1895-1960)

Petrona Viera (1895-1960)
Petrona Viera (Montevideo, 24 de marzo de 1895 – idem. 4 de octubre de 1960) fue una pintora uruguaya.
Hija de Feliciano Viera y Carmen Garino, sufre a los dos años una enfermedad llamada meningitis que la deja sordomuda y aprende desde pequeña con una maestra especializada a leer los labios y hacerse entender con gestos. Los padres de la futura artista entendieron que la enseñanza era fundamental, por lo que contrataron a una maestra francesa especializada en niños sordomudos, Madame Madeleine Larnaudie, quien se encargó de educar a la niña para que lograse comunicarse con su entorno.1
Atentos a sus intereses artísticos, sus padres le propusieron estudiar dibujo y pintura. Esta propuesta fue muy bien recibida por Petrona, que cuando tenía aproximadamente veinte años comenzó a recibir clases privadas de pintura en su casa, con el maestro catalán Vicente Puig. Desde 1922 Guillermo Laborde fue su maestro y consejero, cuyas enseñanzas la afiliaron a la corriente planista. En 1926 realiza su primera exposición individual en Galería Maveroff.
Guillermo Laborde logró que Petrona se entusiasme por sus creencias estéticas. Al poco tiempo nace una nueva y destacada planista.
El Planismo se puede ver desde dos puntos de vista una de ellos es: un movimiento artístico caracterizado por destruir la tridimensionalidad, recurriendo a imágenes bidimensionales situadas en planos superpuestos o caracterizado por un tratamiento plano de los colores, una paleta luminosa dominada más por matices que por colores primarios, y una perspectiva soslayada, lo que genera que los motivos parecen encontrarse prácticamente en un mismo plano. En el período comprendido entre 1920 y 1930 varios artistas uruguayos como José Cuneo Perinetti, Carmelo de Arzadun y Alfredo De Simone, entre otros, realizaron obras planistas. Los temas de Petrona Viera, sin embargo, son distintos a los típicos de los planistas, ya que prefiere pintar escenas cotidianas por ejemplo: de su casa, de niños jugando y estudiando, de los sirvientes, del trabajo de sus hermanas con el tejido. Al correr de los años, ya más adulta, comienza a pintar paisajes, en los que los planistas se destacan mucho más. En 1923 empieza a exponer en Montevideo y después en el exterior.
A los 18 años comenzó a pintar. En esos momentos estudiaba con Vicente Puig, pero sus creaciones empiezan tomar forma completa luego de 1922, cuando su maestro Puig abandona el país y Petrona tiene que cambiar de instructor. Entonces tendrá como maestro a Guillermo Laborde.
Laborde será, por muchos años, uno de los amigos de Petrona. Le lleva libros y la visita semanalmente. Cuando el pintor muere, en 1940, Petrona sufre una aguda crisis, que la lleva a cambiar la dirección de su trabajo. Aprende entonces la técnica del grabado, con un nuevo instructor Guillermo Rodríguez. Sigue pintando, pero sus temas cambian. Comienza a pintar escenas de la naturaleza (flores, animales, etc.).
Petrona pintaba las formas, no los detalles de las figuras como ser los rasgos de un rostro o los dedos de una mano. Buscaba que la figura fuera una forma de color y que quedara recortada por los bordes, sin describirlas con precisión. Tienen los rasgos típicos de esa corriente planista que floreció en Uruguay a comienzos del siglo XX donde las formas son claras, los contornos determinados, las estructuras planas y la paleta luminosa, con colores puros. Se dice que su arte es íntimo y subjetivo, porque nos cuenta la forma en que ella ve y siente esos retazos o pedacitos de su vida. Su familia creía que sus pinturas eran una forma distinta de hablar, una forma de expresar lo que Petrona no podía decir con su voz.
Más allá de la situación familiar y personal, la obra de Petrona se enmarca en un período bisagra de la historia del arte uruguayo. Se había dejado atrás el culto a la pintura académica y se preparaba el terreno de para un arte más subjetivo, más abierto a las corrientes que pudieran traer los maestros que eran becados a Europa por el gobierno.
En 1926 tuvo su primera exposición individual. Las opiniones fueron muy buenas y mucha gente fue a ver sus cuadros, porque todos sentían curiosidad por ver la obra de una pintora mujer. Petrona no era la única pintora que había en Uruguay en ese momento, pero ella fue la primera en ser reconocida, ganar premios y también la primera en hacerse profesional, en hacer de su pintura un trabajo a tiempo completo. Fue la primera pintora que tuvo éxito en Uruguay, pero además, supo sobreponerse a su discapacidad y a las pocas posibilidades que los sordomudos tenían en aquel tiempo en nuestro país.

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