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Raquel Chan.

Raquel Chan.
Madre, ama de casa y científica: la mujer del hito genético “antisequía”
Raquel Chan lideró equipo de investigación que encontró la propiedad de resistencia a las sequías en los cultivos.
Raquel Chan dirigió el equipo que logró darle a las semillas de soja, maíz y trigo, la propiedad de ser resistentes a la sequía. El desarrollo “permitirá producir más alimentos y aumentar el PBI”, dice. No caer en el vicio del desmonte, el desafío.


Nació el 31/12/1959. Realizó su Tesis Doctoral en el CEFOBI y obtuvo el Doctorado en la Universidad Nacional de Rosario (1988). Se inició en Biología Molecular Vegetal durante su post-doctorado en el IBMP (Estrasburgo-Francia, 1988-1992). Se incorporó al PROMUBIE (CONICET-UNR) en 1993. En 1999 se trasladó a la Universidad Nacional del Litoral e inició los estudios genéticos sobre la adaptación de las plantas al medioambiente. Investigadora Principal del CONICET, Profesora Titular de la UNL, Directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL) y del CCT CONICET-Santa Fe. Dirigió 10 tesis doctorales y doce de grado. Es autora de 62 publicaciones internacionales, 7 capítulos de libros y artículos de divulgación, además de coinventora de siete patentes transferidas a empresas. Recibió reconocimientos y premios como el de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria al Mejor Proyecto en Estrés Abiótico en Plantas y fue Personalidad del Año 2010 en Santa Fe.

A Raquel Chan la elogió la propia presidenta de la Nación. “La quiero felicitar por su inteligencia y por ser mujer”, le dedicó Cristina Fernández por videoconferencia. La comunidad científico-académica local la ha abrumado con honras y palabras de gratitud. La BBC de Londres -nada menos- la entrevistó en extenso; pero ella sigue atendiendo todas las llamadas de las FM de pueblo, todas: es que hay que llegar a la gente del campo, dice. A Raquel Chan (se devela el misterio de su extraño apellido: es de ascendencia rusa) las mieles de la fama no la seducen.


Se muestra como lo que es, es decir como una mujer común y silvestre, nada más alejado de las excentricidades megalómanas de aquel clisé cinematográfico del científico. Se autoproclama madre de dos hijos por sobre todas las cosas. “Soy ama de casa. Me ocupo de mi hogar, voy al mercado, hago las compras, pago los impuestos… Me fastidio mucho con los cortes de luz, como cualquier ciudadano”, se sincera. Trabaja (casi vive, y su rostro cansado la deja en evidencia) en un pequeño cubículo de 2 por 2 que es su oficina, en el laboratorio del piso 4º de la Facultad de Bioquímica.
“Este desarrollo significaría mayor producción de alimentos, con una población mundial que crece cada vez más”, afirma, y su voz grave y ronca no desluce el tono de entusiasmo de sus palabras. La bióloga molecular Raquel Chan es la cara visible del milagro genético “antisequía”, un hito en la historia de la ciencia provincial, nacional e internacional. Al frente del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL), encabezó el equipo de investigadores que logró aislar un gen del girasol que, injertado en la soja, el maíz y el trigo, les da a estos cultivos la propiedad de ser resistentes a las sequías, sin perder -e incluso aumentando- su productividad.
Ahora, el “invento” podrá ser comercializado internacionalmente a partir de un convenio firmado entre la empresa estadounidense Arcadia Biosciences y Bioceres, la actual licenciataria de la patente del gen HAHB 4, que le confiere a las semillas esa bendita propiedad de reducir el estrés hídrico y tolerar períodos sin lluvias. Ya está patentado en países como Australia, China y Estados Unidos, además de la Argentina- y, luego de su desregulación, generará ingresos millonarios a partir de las regalías de la comercialización (ver Regalías).


Más producción
“Yo soy bióloga, no me preguntes de economía”, había aclarado la investigadora a la entrada de la entrevista. Pero el logro genético está en el área fronteriza de esas dos áreas del conocimiento. “Si llegara al final del camino (tras su desregulación en los mercados), el desarrollo significaría mayor producción de alimentos. Esto también implicaría un crecimiento del PBI, un aumento de la riqueza del país. Pero depende de los cultivos, de cómo reaccionan éstos, de las diferentes regiones donde se cultiven, etc.”, subrayó.
El desarrollo tuvo semejante trascendencia nacional e internacional “porque en el medio hubo una asociación público-privada (UNL, Conicet y Bioceres) y llegó a término. El hecho de que la empresa sea argentina (Bioceres) tampoco es menor: combinados, todos los elementos explican la importancia que ha tenido este logro científico”, enfatizó Chan.


Desmonte
Tras la aplicación de esta nueva semilla “antisequía”, ¿Podría aumentar el área sembrada de la soja, por ejemplo? ¿Se podría caer en el riesgo del desmonte indiscriminado?
—Ése es un punto muy álgido en el que han puesto la voz de alarma los ambientalistas. Pero es algo que no va a depender de nosotros, va a depender de una decisión política. En principio, si se produce más en la región que ya existe, no debiera aumentar más (el área sembrada), todo lo contrario. No se debiera extender la frontera de siembra, porque se llegaría a mejor producción donde ya se está sembrando.
Entonces, ése es el contra argumento contra el terror del desmonte. Yo pienso que estas cuestiones no dependen ni de nosotros ni de la empresa, van a depender del ámbito legislativo para poner límites. Dependerá de que nuestros gobernantes hagan un equilibrio muy importante entre protección de la naturaleza, productividad y producción de alimentos. En principio, esta tecnología no debería implicar aumento de las fronteras.

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