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Sonia Calero Castilla (1936)

Sonia Calero Castilla (1936). Importante bailarina cubana.
Nacida en La Habana en un hogar obrero, Sonia Calero mostró desde pequeña dotes excepcionales para el baile popular y la danza en general. A los once años de edad matriculó la especialidad de ballet en el Conservatorio Municipal de La Habana, donde comenzó estudios con el maestro Alberto Alonso, después íntimamente ligado a su vida profesional y personal.
En el verano de 1950 debutó en el teatro Auditorium -hoy teatro Amadeo Roldán-, con el Ballet de la Sociedad Pro Arte Musical, y más tarde se incorporó como miembro estable al llamado Ballet Nacional que fundó en el mismo año Alberto Alonso, en el cual el maestro comenzaría a desarrollar experimentos coreográficos, transmitiendo los ritmos y bailes populares al lenguaje del ballet.
Sin embargo, la entrada de Sonia Calero en el Ballet CMQ Televisión significó su verdadero debut profesional, y fue ese medio el que le dio la popularidad que ha mantenido durante toda su carrera. De la mano de su maestro integró en la década de 1950 otras agrupaciones danzarias como el Conjunto de Bailes del Teatro Radiocentro, y realizó presentaciones en diferentes cabarés capitalinos.
Su repertorio de entonces no sólo fue amplio, sino también variado en estilos. Incluía, desde obras académicas como Concerto, hasta piezas de estilo neoclásico, experimentales y de ambiente popular. Entre estas últimas se destacaron sus interpretaciones de las viñetas creadas por Alberto Alonso para televisión y espectáculos musicales en teatros y cabarés. Títulos como La calle, Quimbisa, La guagua oLa mujer de Antonio, El muerto se fue de rumba, El güije, El solar, mostraban profundo arraigo en la tradición cultural cubana.
Durante su larga carrera en la televisión, Sonia Calero formó pareja con bailarines clásicos como el uruguayo Víctor Álvarez y el cubano Luis Trápaga, además de actuar junto a muchas celebridades del canto y la actuación en Latinoamérica, entre ellos el tenor Pedro Vargas y el cómico Mario Moreno “Cantinflas”. La rebambaramba, ballet compuesto por Amadeo Roldán con libreto de Alejo Carpentier en 1928, fue estrenado por la televisión cubana en 1957 con la interpretación de Sonia Calero y el Ballet de CMQ Televisión y la coreografía de Alberto Alonso, en lo que constituyó un momento significativo en la carrera de la artista.
En 1959, tras el triunfo de la Revolución cubana, Sonia Calero continuó su exitosa carrera como bailarina, pero al mismo tiempo se incorporó a la enseñanza en las recién fundadas Escuelas de Instructores de Arte, e impartió clases y talleres dentro del Movimiento de Artistas Aficionados. Participó en 1960 en la fundación del Conjunto de Danzas de Alberto Alonso, y, entre 1962 y 1966, formó parte del Conjunto Experimental de Danza, también dirigido por el maestro.
En 1966, igualmente bajo la dirección de Alonso, Sonia Calero integró el elenco del Teatro Musical de La Habana, donde se destacó como actriz y bailarina en la interpretación de comedias musicales cubanas. En esa compañía fue relevante el estreno, en 1966, de Mi solar, con música de Tony Taño y libreto de Lisandro Otero, que tenía como antecedente la viñeta El solar, de 1953. Mi solar fue el más exitoso espectáculo musical cubano de la década, y uno de los más recordados del género. Su trama, que desarrolla un triángulo amoroso dentro de un solar habanero, transcurre en los primeros años de la Revolución, y refleja los cambios sociales que comenzaban a gestarse en Cuba, como la igualdad racial, la superación profesional, la preparación militar y, por supuesto, el amor triunfante entre una joven y bella casadera –a la cual todos asedian– y un joven obrero.
El Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) realizó en 1966 el filme Un día en el solar, -primer largometraje cubano realizado a color- basado en esta comedia musical, y dirigido por Eduardo Manet, con la música y la coreografía originales de Taño y Alonso y la actuación de Sonia Calero, Tomás Morales, Roberto Rodríguez, Assenneh Rodríguez y el elenco del Teatro Musical de La Habana.
Sonia Calero ingresó en 1966 en el Ballet Nacional de Cuba, en el que llegó a alcanzar el rango de primera bailarina de carácter. Permaneció en la compañía hasta 1975, sin abandonar su trabajo en diferentes proyectos teatrales. Se destacó en roles del repertorio clásico como el de Bertha, de Giselle, y el de la solista de las czardas en Coppelia (ambas obras con coreografías de Alicia Alonso). También asumió con éxito roles en obras contemporáneas, como el Oráculo en Edipo Rey, de Jorge Lefebre; El güije, Conjugación, Un retablo para Romeo y Julieta, Manita en el suelo, La audición, entre otras coreografías, en su mayoría de Alberto Alonso.
A pesar de su amplia ejecutoria, las particularidades del baile de Sonia Calero y las coreografías de Alonso han dejado muy pocas imágenes para la historia, por lo efímero del medio televisivo y la escasez de soportes fílmicos en la época. En particular, es de lamentar la ausencia de una de las obras de este binomio creativo que marcó a la bailarina dentro de la danza cubana: el solo La rumba, estrenado en 1965 con el Conjunto Experimental de Danza, que fuera la pieza que le dio celebridad, al punto de que la crítica especializada la comparó con la “bailaora” española Pastora Imperio. En esa antológica coreografía, la Calero desarrollaba un baile provocativo llevado hasta sus más insospechados límites, pero nunca fuera de las fronteras que convierten un baile popular en arte.
Tanto con el Ballet Nacional de Cuba como con el Conjunto Experimental de Danza, y también en actuaciones especiales, Sonia Calero recorrió buena parte del mundo, desde Estados Unidos hasta Rusia, pasando por México, Alemania, Checoslovaquia, Hungría, España, Bélgica, Holanda y Canadá, entre otros países.
La pareja que integró con Alberto Alonso trascendió los límites de la relación conyugal por más de tres décadas, para crear una dupla inseparable en el plano artístico. Primero como alumna, después como bailarina y finalmente como esposa, Sonia Calero fue la musa inspiradora de Alberto Alonso, y a pesar de que mucha de la obra de este coreógrafo fue realizada a partir de sus condiciones técnicas, físicas e interpretativas, buena parte de las piezas que rebasaban estas expectativas y tuvieron otras intérpretes reconocidas en el mundo de la danza, también fueron creadas pensando en ella.
Un ejemplo de ello es el ballet Carmen, creado en 1967 para la bailarina rusa Maya Plisetskaya, y que incorporara meses después a su repertorio la prima ballerina assoluta cubana Alicia Alonso. Poco antes de su muerte en el año 2007, Alberto Alonso refirió en el documental Danza de mi corazón, que había sido Sonia quien le había inspirado esa obra, uno de los iconos de la coreografía contemporánea del siglo XX.
En 1994 Sonia Calero se radicó junto a su esposo en Estados Unidos, donde ambos impartieron cursos y talleres en diferentes universidades, escuelas y academias. En particular se destacó su labor en el Santa Fe College de Gainsville, ciudad donde falleció Alonso el último día del año 2007, y donde ella reside en la actualidad.
Sonia Calero continúa bailando en actuaciones especiales, homenajes y presentaciones, como artista invitada. Su presencia es requerida en los montajes de obras de Alberto Alonso que se realizan internacionalmente, en especial del ballet Carmen, por ser fiel conservadora del legado de su esposo, el más importante coreógrafo cubano.
Entre las características fundamentales del baile de Sonia Calero siempre se ha destacado la elegancia y el refinamiento, ajenos de falsos folklorismos comerciales. Su pas de deux “de la escoba” en Mi solar, junto al bailarín cubano Roberto Rodríguez, ha quedado como ejemplo de cubanía y delicadeza, felizmente recogido en el filme Un día en el solar. Su interpretación de La rumba aún hoy no ha sido superada; es en un modelo de referencia de la capacidad de estilización del baile popular en la escena.

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