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Yurisleidys Lupetey Cobas (1981)

Yurisleidys Lupetey Cobas (1981). Judoca cubana de los 57 kilogramos. Campeona mundial en Munich 2001 y bronce olímpico en Atenas 2004.
Nació en la localidad holguinera de Moa, el 6 de mayo de 1981. Desde pequeña sintió inclinación por la práctica de este arte marcial de origen japonés. Se inició en el judo con resultados asombrosos en cuanto torneo participó, siendo aún una escolar. En 1998 intervino en dos campeonatos mundiales, el de cadetes (para menores de 17 años) y el juvenil (sub 19). En el primero de ellos, la cubanita regresó a su país con la medalla de oro y en el juvenil con asiento en Moscú alcanzó un meritorio tercer lugar, siempre en la división de los 57 kilogramos. Desde entonces se vislumbró como la futura rival en Cuba de la estelarísima Driulis González, por aquel entonces campeona olímpica y multimedallista mundial.
Por ello ingresó en la preselección nacional de mayores, bajo la atenta mirada del avezado entrenador Ronaldo Veitía, el creador de la escuela femenina cubana de judo a mediados de la década del 80 del siglo XX. En aquellos tiempos, la división de Lupetey, era dominada por Driulis; por tanto, esta última asistió a los Juegos Deportivos Panamericanos de Winnipeg, Canadá 1999, y a los Juegos Olímpicos de Sydney, Australia 2000. Pero, a pesar de ello, Yurisleidys tuvo la oportunidad de cambiar el color de la medalla en el Campeonato Mundial Juvenil en Túnez, donde se agenció la de oro y fue elegida la mejor judoca del certamen.
El año 2001 resultó consagratorio para la joven holguinera. Como en la temporada anterior, tuvo una provechosa gira por Europa, donde ganó varios torneos clase A y pudo topar con la mayoría de las mejores exponentes de su división. La presea dorada en los Juegos Mundiales Universitarios con sede en Beijing, hizo que el colectivo técnico la seleccionara para el Campeonato Mundial de Munich, Alemania. La joven holguinera no hizo quedar mal a los especialistas de la mayor de las Antillas y obtuvo la medalla de oro. Entre sus triunfos más importantes estuvieron el de semifinales frente a una de las favoritas a la corona, la monarca olímpica en Sydney, la española Isabel Fernández, y el éxito en la final ante la holandesa Deborah Gravenstijn. Con justeza, por la calidad técnica mostrada, Lupetey fue seleccionada la judoca más destacada de la lid.
La no participación de Cuba en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador 2002, por problemas de seguridad en su delegación deportiva, impidió a la monarca del orbe obtener su primer título en citas del área. Pero «La Lupe» —como la llaman— se volcó a los entrenamientos con la mirada puesta en el Campeonato Mundial de Osaka al año siguiente.
Antes tuvo otros dos compromisos extra fronteras de relevancia. En los Juegos Deportivos Panamericanos de Santo Domingo, República Dominicana, en el mes de julio, no afrontó dificultades para llevarse el metal áureo. Y en los Juegos Mundiales Universitarios en Daegu, Corea del Sur, unas semanas después de dejar en el camino a la inglesa Sophie Johnstone y a la polaca Monika Cabaj-Reserve, perdió un controvertido combate en semifinales frente a la francesa Fanny Euranie, que la dejó en el tercer lugar. Finalmente, en septiembre, en la urbe japonesa de Osaka, Lupetey fue víctima de otra injusta decisión arbitral que le impidió discutir el título y tuvo que conformarse con la presea de bronce, al superar por ippón (máxima puntuación en el judo) a la australiana María Pekli, tercer lugar en Sydney 2000. La lid fue ganada por la norcoreana Kye Sun-Hui. La otra bronceada fue la conocida holandesa Deborah Gravenstijn.
La Lupe siempre fue una atleta muy consagrada a los entrenamientos, incluso cuando tuvo alguna que otra lesión se volcaba a los ejercicios de fortalecimiento para la rápida recuperación. La joven holguinera se convirtió, de la noche a la mañana, en la nueva capitana de la escuadra. Era muy fuerte y con un arsenal técnico-táctico muy amplio.
El año 2004 le ofreció la ocasión de intervenir en sus primeros Juegos Olímpicos, los celebrados en Atenas. Se había consolidado en su país como la número uno en los 57 kilogramos, toda vez que la veterana Driulis González había subido a la división inmediata superior, los 63 kilogramos. Coincidentemente, ambas judocas terminaron con bronce en la capital griega. Yurisleidis cedió en su camino al estrellato frente a la estelar norcoreana Kye Sun-Hui, quien en la magna cita del músculo cuatro años antes había finalizado tercera, pero en los 52 kilogramos. La ganadora del metal dorado fue la alemana Yvonne Boenisch, quien derrotó en la final precisamente a Kye Sun-Hui. No obstante, la cubanita obtuvo la presea de bronce, al superar una vez más a la ibérica Isabel Fernández.

Hasta ese año, fue la judoca con mejores resultados en el equipo nacional en menos tiempo. A partir de entonces, le persiguieron las lesiones. En menos de un año sufrió dos operaciones en su rodilla derecha, por lo que todo parecía indicar que sería el fin de la cubana sobre los tatamis. Solo su férrea voluntad la mantuvo en competencia.

Al año siguiente, ya recuperada totalmente, el colectivo de entrenadores decidió incluirla en la delegación antillana al Campeonato Mundial de Judo en Osaka. En realidad no existía otra en el país que supliera a Yurisleidys. Así fue avanzando en el organigrama con tres victorias sin derrotas, pero en el pleito semifinal frente a la subcampeona olímpica Kye Sun-Hui se lesionó el codo izquierdo en una acción defensiva que le provocó una luxación y tuvo que abandonar a pocos minutos de iniciado el combate. Lupetey terminó en el quinto lugar, pues no pudo salir tampoco a discutir el bronce frente a la mongola Khasbbat Erdenet-Oo. Después de un exhaustivo análisis, los galenos cubanos descartaron peligro alguno para el futuro de la atleta.

Otro percance la mantuvo algún tiempo alejada de los tatamis. El judo es un deporte muy traumático y sus practicantes están expuestos a muchas lesiones. En 2007, su triunfo más encumbrado resultó la retención de la corona en los Juegos Deportivos Panamericanos de Río de Janeiro, Brasil.

En 2008 solo había un pensamiento en judoca cubana. Subir a lo más alto del podio de premiaciones en los Juegos Olímpicos de Beijing, la capital de China, o al menos estar entre las medallistas. Realizó una excelente preparación junto al resto de las integrantes de la preselección nacional y allende los mares también se lució en cuanto torneo participó. La capitana de la selección femenina abrió su participación con éxito por wazzari (tres cuartos de punto) ante la haitiana Ange Mercie Jean Battiste, combate en el cual ambas atletas salieron con puntos en sus rostros, tras un fuerte encontronazo en los primeros minutos. En el siguiente, La Lupe fue perjudicada por el arbitraje frente a la tunecina Nesria Jelassi que le privó de luchar por medallas. Cuando realizaba la acción de uchi-mata (técnica con proyección de cadera), aquélla hizo un contraataque, pero fue la representante de Túnez la primera que cayó sobre el tatami. Luego de revisar el video, los jueces rectifican a favor de Lupetey, pero el español Juan Carlos Barco, jefe de reglas y arbitraje, quien se encontraba en el otro tatami, decidió el ippón para Jelassi. El veterano entrenador cubano, Ronaldo Veitía, consideró la decisión como una gran injusticia, porque lo que pretendía Barco era beneficiar a su compatriota Isabel Fernández, presumible rival de Lupetey tras caer muchas favoritas, y a quien La Lupe le había ganado en innumerables ocasiones. Por último, la ibérica tampoco pudo estar en la final de los 57 kilogramos, división ganada por la italiana Guilia Quintavalle.
Los minutos que pasaron después de ese ilegal fallo fueron para Lupetey los más amargos de su corta y fecunda carrera. No obstante, siguió entrenando y cuando se retire definitivamente, aspira a convertirse en árbitro.

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