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Gina Natteri

Gina Natteri, la peruana que compartió escenario junto a Maya Plisétskaya

Inició sus estudios en el Conservatorio de Danza en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos bajo la dirección del maestro francés Roger Fenonjois.

Tuvo como maestros a Vera Stastny, Alejandro Plissetsky, Jacob Lascu, Jaime Diaz, Jane Davonshire, Sara Pardo, Jane Hedal, Anna Sokolowy Jorge Rodríguez. Trabajó con coreógrafos como Rosemary Helliwell, Anette Page, Susana Linke, Gray Veredon, Royston Maldoon y Rogelio López, entre otros.

Ha participado en encuentros, festivales, concursos y realizado giras por distintas provincias del Perú y por países como México, Argentina, Colombia, Chile, Venezuela, Costa Rica, El Salvador, España, Inglaterra, Escocia, EE.UU. y Polonia.

Como bailarina principal de los elencos del Ballet Nacional y del Ballet de San Marcos, interpretó los roles protagónicos de las obras más destacadas del repertorio clásico como El Cascanueces, Copelia, La Cenicienta, etc., así como de los montajes especialmente hechos para dichos elencos. A la par, desarrolló sus inquietudes por la coreografía, habiendo montado algunas de ellas en los elencos a los cuales perteneció.

Dueña de una sólida formación dancística clásica y moderna, y en reconocimiento de su trayctoria, el Ministerio de Educación le otorgó el título de Artista en Danza Clásica a nombre de la Nación. Fue Directora, maestra y coreógrafa del Ballet Contémpora, y profesora de Danza y Composición en la Escuela de Teatro de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

En Mayo de 1994, mediante R.S. Nº 057-94-ED fue nombrada como Directora de la Escuela Nacional Superior de Ballet.

Ha seguido estudios de complementación en Educación en la Universidad Pedro Ruiz Gallo, y en Arte, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Actualmente, es profesora de la Escuela Profesional y del Elenco del Ballet de dicha universidad, y profesora de danza en los talleres y Maestría de Educación por el Arte de la Universidad Ricardo Palma.

La directora de la Escuela Nacional de Ballet recuerda cuando bailó con la primera dama rusa del ballet del siglo XX, que murió esta semana a los 89 años. “Verla interpretar ‘La muerte del cisne’ me erizó la piel”.


“Cuando la vi bailar ‘La muerte del cisne’ sentí que la piel se me erizó”, recuerda Gina Natteri.

Si tu padre es asesinado por el régimen represivo de Stalin y, por extensión, tu madre es enviada a un campo de internamiento cuando aún eres una niña, ciertamente cabe esperar que tu biografía no va a ser auspiciosa, pero Maya Plisétskaya nunca fue previsible ni lógica.

Esta mujer a la que la muerte encontró hace dos días haciendo maletas para un tour que celebraría sus 90 años (los cumpliría el 15 de mayo), se fue de este mundo con el enorme título de primera dama de la danza clásica del siglo XX.

De ascendencia judía en la URSS de Stalin, fue la danza la que la salvó a Plisétskaya de un destino aciago. Con solo 3 años empezó a bailar y para sus 23 ya era primera bailarina del mítico Teatro Bolshói.

Experiencia
“Cuando la vi bailar ‘La muerte del cisne’ sentí que la piel se me erizó, parecía que no tenía huesos en los brazos, la mirada cuando ejecutó la pieza del ‘cisne negro’, era tan intensa que te paralizaba por completo”.

Gina Natteri vuelve a 1975, a esa noche en el Teatro Municipal cuando vio a Maya bailar. Cuarenta años después la actual directora de la Escuela Superior de Ballet Nacional recuerda que entonces ella bailaba en la Escuela de la Universidad de San Marcos.

“Esa primera vez no tuvimos mucho contacto, pues ella bailó sola y nosotros montamos piezas aparte, pero al año siguiente vino para montar ‘Carmen’ y ahí sí compartimos escenario, nos deseo suerte antes de entrar a escena, incluso compartimos un almuerzo en La Granja Azul”.

La bailarina peruana recuerda que Maya solo hablaba ruso, pero encontraron la forma de comunicarse. “Así somos los artistas”.

Una mujer sin medias tintas
Polémica. Maya Plisétskaya nunca fue una mujer de medias tintas. Hace 20 años publicó unas memorias donde descubría las intrigas y burocracias del ballet ruso y revelaba cómo había logrado imponerse al bloqueo ruso.
Ella fue una de las pocas bailarinas que pudo presentarse fuera sin mayores restricciones.

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